Mariano viajaba con su esposa Cielo y su hija de 15 años hacia los Esteros del Iberá, en Corrientes. Desde que pisaron la ruta de tierra sintieron una energía pesada y amenazante, pero lo peor llegó al hospedarse en una posada completamente desolada, donde la cerradura de su habitación estaba rota.  A la medianoche, el panorama se volvió una pesadilla: los perros del lugar empezaron a llorar y a rasguñar la puerta desesperadamente, mientras el techo de chapa crujía bajo los brutales golpes de algo que caminaba arriba. Aterrados, abrieron la puerta para rescatar a los animales... pero los perros estaban durmiendo plácidamente en la galería.  El horror no terminó ahí. Durante toda la madrugada, la habitación contigua sufrió portazos y golpes inexplicables. Al amanecer, decidieron huir del lugar, pero al quejarse con el encargado por el ruidoso vecino de al lado, este los miró pálido y les abrió la habitación: estaba completamente vacía. “Acá no se hospedó nadie más que ustedes”, les dijo...
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Mariano viajaba con su esposa Cielo y su hija de 15 años hacia los Esteros del Iberá, en Corrientes.

Desde que pisaron la ruta de tierra sintieron una energía pesada y amenazante, pero lo peor llegó al hospedarse en una posada completamente desolada, donde la cerradura de su habitación estaba rota.

A la medianoche, el panorama se volvió una pesadilla: los perros del lugar empezaron a llorar y a rasguñar la puerta desesperadamente, mientras el techo de chapa crujía bajo los brutales golpes de algo que caminaba arriba.

Aterrados, abrieron la puerta para rescatar a los animales.

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pero los perros estaban durmiendo plácidamente en la galería.

El horror no terminó ahí.

Durante toda la madrugada, la habitación contigua sufrió portazos y golpes inexplicables.

Al amanecer, decidieron huir del lugar, pero al quejarse con el encargado por el ruidoso vecino de al lado, este los miró pálido y les abrió la habitación: estaba completamente vacía.

“Acá no se hospedó nadie más que ustedes”, les dijo.

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Mi nombre es Mariano, actualmente tengo 40 años. Mi mujer se llama Cielo y tenemos una … Mariano viajaba con su esposa Cielo y su hija de 15 años hacia los Esteros del Iberá, en Corrientes.<p> Desde que pisaron la ruta de tierra sintieron una energía pesada y amenazante, pero lo peor llegó al hospedarse en una posada completamente desolada, donde la cerradura de su habitación estaba rota.<p> A la medianoche, el panorama se volvió una pesadilla: los perros del lugar empezaron a llorar y a rasguñar la puerta desesperadamente, mientras el techo de chapa crujía bajo los brutales golpes de algo que caminaba arriba.<p> Aterrados, abrieron la puerta para rescatar a los animales.<p>.<p>.<p> pero los perros estaban durmiendo plácidamente en la galería.<p> El horror no terminó ahí.<p> Durante toda la madrugada, la habitación contigua sufrió portazos y golpes inexplicables.<p> Al amanecer, decidieron huir del lugar, pero al quejarse con el encargado por el ruidoso vecino de al lado, este los miró pálido y les abrió la habitación: estaba completamente vacía.<p> “Acá no se hospedó nadie más que ustedes”, les dijo.<p>.<p>.<p>Read more

Norberto viajaba en el colectivo 159 hacia Quilmes cuando un hombre vestido de traje se sentó a su lado. Con una sonrisa, el desconocido empezó a preguntarle por su madre “la negra”, su padre “el Goyo” y hasta nombró a sus tíos fallecidos. El hombre le aseguró que había trabajado con su abuelo hacía años.  A Norberto le dio escalofríos, ya que jamás había visto a ese sujeto en su vida. Lo más extraño es que el hombre sabía exactamente en qué parada debía bajarse Norberto sin que nadie se lo hubiera dicho.  Al llegar a su casa, Norberto le contó el extraño encuentro a su madre y le mencionó el peculiar nombre del hombre: Eloy. Al escucharlo, la mujer rompió a llorar desconsoladamente y le reveló una verdad que lo dejó helado...
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Norberto viajaba en el colectivo 159 hacia Quilmes cuando un hombre vestido de traje se sentó a su lado.

Con una sonrisa, el desconocido empezó a preguntarle por su madre “la negra”, su padre “el Goyo” y hasta nombró a sus tíos fallecidos.

El hombre le aseguró que había trabajado con su abuelo hacía años.

A Norberto le dio escalofríos, ya que jamás había visto a ese sujeto en su vida.

Lo más extraño es que el hombre sabía exactamente en qué parada debía bajarse Norberto sin que nadie se lo hubiera dicho.

Al llegar a su casa, Norberto le contó el extraño encuentro a su madre y le mencionó el peculiar nombre del hombre: Eloy.

Al escucharlo, la mujer rompió a llorar desconsoladamente y le reveló una verdad que lo dejó helado.

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Sin dudarlo, te invito a que te quedes hoy porque vas a escuchar dos historias, dos … Norberto viajaba en el colectivo 159 hacia Quilmes cuando un hombre vestido de traje se sentó a su lado.<p><p><p> Con una sonrisa, el desconocido empezó a preguntarle por su madre “la negra”, su padre “el Goyo” y hasta nombró a sus tíos fallecidos.<p><p><p> El hombre le aseguró que había trabajado con su abuelo hacía años.<p><p><p> A Norberto le dio escalofríos, ya que jamás había visto a ese sujeto en su vida.<p><p><p> Lo más extraño es que el hombre sabía exactamente en qué parada debía bajarse Norberto sin que nadie se lo hubiera dicho.<p><p><p> Al llegar a su casa, Norberto le contó el extraño encuentro a su madre y le mencionó el peculiar nombre del hombre: Eloy.<p><p><p> Al escucharlo, la mujer rompió a llorar desconsoladamente y le reveló una verdad que lo dejó helado.<p><p><p>.<p><p><p>.<p><p><p>Read more