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Gustavo viajaba con su familia por la ruta 90 hacia Alcorta, Santa Fe.

Un trayecto de rutina que siempre les tomaba 40 minutos.

Pero esa noche, la realidad se distorsionó por completo: la ruta cambió, el auto fallaba y aparecieron lugares que no existían, como una estación de peaje de la nada.

Tras 3 horas de viaje, lograron llegar.

Al día siguiente, Gustavo decidió regresar por el mismo camino para buscar respuestas.

Al pasar por el lugar del peaje, no había nada.

Y la reluciente estación de servicio donde habían cargado combustible la noche anterior, ahora estaba completamente en ruinas, abandonada desde hacía años.

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Decime, ¿qué harías vos si vas por la ruta con tu auto junto con tu familia y de repente te das cuenta que todo a tu alrededor es muy diferente a lo que recordabas? Es más, el GPS te dice que estás yendo por el camino correcto, que te quedan una cantidad de kilómetros y tiempo determinado, pero nunca llegas.

Estas son solo algunas de las cosas que pasan en esta curiosa historia donde Gustavo nos cuenta lo que vivió junto a su familia en Santa Fe en la ruta 90.

Bienvenidos a este nuevo capítulo y espero que lo disfrutes hasta el final.

Mi nombre es Gustavo y quisiera compartir una historia que me sucedió con mi familia, mi esposa Karina, mi hijo menor Brandon y mi hija mayor Ruby.

Ocurrió el domingo 7 de agosto del año 2023 y esto fue lo que pasó.

Paré al costado para comprobar.

Bueno, un día como hoy fue esa travesía que nunca llegamos.

Lo juro por mi hija y por mi hijo que Aquella vez partimos desde Stróbel en la localidad de Diamante, provincia de Entre Ríos.

Era un día normal.

Salimos alrededor de las 9 de la mañana con destino a Alcorta, un pequeño pueblo en las afueras de Rosario, Santa Fe.

El motivo era para festejar el cumpleaños de mi hermano, quien vive en este pueblo.

El trayecto desde nuestra localidad hasta este lugar es de unos 290 km aproximadamente pasando por el centro de Rosario.

Un detalle importante en toda esta historia es que durante el viaje decidimos hacer una parada intermedia en la casa de unos amigos en Villa Constitución que pertenece a la provincia de Buenos Aires y queda a unos 50 km de Alcorta más o menos por la ruta 90.

Fue en el camino pasando el puente que conecta Victoria con Rosario unos 15 km antes de terminarlo cuando comencé a sentir algo raro.

Esto no es habitual en mí.

Esa sensación me aparece cuando no reconozco el lugar y esa ruta justamente era un camino que habíamos hecho decenas de veces.

De todos modos, no le di mayor importancia.

Seguimos adelante y al entrar a Rosario por la circunvalación, los carteles me ayudaron a orientarme como siempre, pero a medida que avanzaba noté que los carteles no indicaban los destinos que esperaba.

Esto me pareció raro.

Entonces le pedí a mi esposa que ponga el GPS y con normalidad el teléfono nos ubicó correctamente.

Llegamos al acceso de la ruta 9 de la provincia de Buenos Aires hacia San Nicolás de los Arroyos.

Y quien conozca esta zona sabe que en la entrada hay un shopping muy conocido de Rosario llamado City Center, ubicado exactamente frente al acceso.

Ese día sin ninguna explicación no estaba.

Esa fue la primera señal concreta de que algo no cuadraba.

Al ingresar a la autopista 9 me desorienté aún más.

Si bien el GPS indicaba que íbamos por el camino correcto, el entorno no coincidía con lo que recordábamos.

No reconocía el lugar.

Yo le pedí a mi esposa que reinicie el GPS porque no me sentía seguro con lo que me estaba mostrando.

Mi esposa sugería que quizás nos habíamos confundido de ruta, más allá de que el GPS posiblemente estaba funcionando mal.

tratando de tranquilizarme, obviamente.

Entonces, decidí seguir el GPS, aunque mi instinto me decía lo contrario.

Lo más perturbador de esto era que ese tramo siempre fue autopista y sin embargo lo que veía era una simple ruta, algo que no existe en esa zona.

Además, no aparecía la estación de servicio Action que está ubicada en el medio de la autopista y que conozco perfectamente bien por haber frenado muchísimas veces.

Nada de lo que observaba me resultaba conocido, familiar.

Era como si nunca antes hubiese estado ahí.

Mi esposa seguía insistiendo en que quizás sin darnos cuenta tomamos una salida equivocada y por eso no reconocíamos el lugar.

Y honestamente traté de creerle y seguimos viaje.

Fue recién cuando llegamos a Villa Constitución que reconocí el lugar al instante y con enorme alivio todo volvió a la normalidad.

Visitamos a nuestros amigos y la tarde transcurrió sin ningún problema.

Como en cualquier visita de rutina, todo pareció calmarse.

Nadie volvió a mencionar lo ocurrido durante el viaje de ida y yo mismo incluso lo dejé pasar.

Intenté no acordarme de eso, pero la historia no había terminado.

Ya por la tarde, cerca de las 5:30, fuimos a cargar el combustible y emprendimos el camino hacia Alcorta.

La única ruta que une Villa Constitución con ese pueblo es la ruta provincial 90, un trayecto de 50 km aproximadamente que normalmente se demora unos 35 a 40 minutos en hacerse.

No existen caminos alternativos, ni de ripio, ni puentes, ni desvíos de ningún tipo.

Entramos a la ruta 90 más o menos a las 6 de la tarde.

Desde ese momento comenzó la odisea.

A poco de arrancar encontramos un operativo policial que nos detuvo y mientras nos pedían la documentación pasaron dos cosas.

Mi nene Brandon me preguntó por la niebla que se estaba levantando muy rápidamente.

Era sumamente rara y espesa, más bien parecía polvo.

Y mi respuesta para no preocuparlo fue que seguramente se trataba del polvo que levantan las máquinas que están trillando el campo, aunque sabía perfectamente que no era época ni horario.

Pasados unos minutos, el policía se acercó al auto, me entregó los documentos, estaba todo correcto y seguimos camino.

me había dicho que era un control de rutina y estaba todo bien.

Y a ver, desde ese punto hasta el destino quedaban unos 35 minutos, pero cayó la noche con una rapidez inusual y nuevamente empezaron a aparecer cosas que nunca habíamos visto y que de hecho no existen en esa ruta.

Árboles muy grandes a los costados, puestos de ventas ambulantes, tramos de ruta en mal estado.

Nada de eso coincidía con lo que ya conocíamos.

Volvimos a mirar el GPS y habíamos recorrido aproximadamente 15 km, pero el dispositivo indicaba que faltaban unos 50 km más para llegar.

Esto era imposible.

Era como si no hubiésemos avanzado nada.

Le dije a mi esposa que algo estaba fallando.

Ella coincidió.

Ya estaba visiblemente molesta y preocupada.

Seguimos por ese tramo con la ruta en bastante mal estado y el auto comportándose de manera extraña venía como fallando.

El combustible también se consumía a un ritmo que no correspondía con la distancia recorrida.

Era como si el viaje no pudiera terminar.

En un momento apareció delante de nosotros un tractor y un camión que avanzaban muy lento con luces traseras, incluso sumamente brillantes que nos molestaban.

La mano contraria estaba vacía, tenía paso, así que decidí adelantarlos.

Pero pocos metros después de sobrepasar estos vehículos, algo cortó el paso en medio de la ruta.

¿Sabes qué era? Una estación de peaje apareció de la nada, sin señalización previa en un tramo donde jamás hubo nada parecido.

Es más, no hay registros de ningún peaje en ese tramo y cualquiera que busque en el mapa puede comprobarlo.

Pero también simultáneamente, y esto nos asustó, un auto blanco apareció de la nada, se materializó prácticamente delante nuestro y frené casi en seco.

Mi esposa revisó otra vez el GPS o mejor dicho intentó hacerlo porque el teléfono se congeló por completo.

Vamos con los otros tres celulares que llevábamos todos de alta gama, de buena calidad.

Ninguno funcionaba.

Era un detalle más en una noche que acumulaba demasiadas anomalías.

Me detuve en el peaje.

Había una sola casilla, un solo operario.

Esto es medio raro, no es como funcionan los peajes normalmente en ninguna autopista del país.

Le dije a mi esposa medio en broma, pero con toda la seriedad del mundo, le voy a preguntar al fantasma a ver si vamos bien.

Me atendí una chica joven con el uniforme clásico del peaje, nada sospechoso.

Pagué los 200 pes que me cobró, recibí el ticket, algo muy importante, y lo guardé en la guantera, donde siempre guardo los comprobantes.

En lugar de leerlo para saber dónde estábamos, opté por preguntarle directamente a ella.

Le consulté si estábamos yendo bien hacia el corta, esperando que me dijera que estábamos perdidos, que habíamos agarrado otra ruta y simplemente teníamos que retroceder.

Pero para mi sorpresa y la de mi familia se asomó por la ventana, señaló el camino y nos dijo que íbamos perfectamente bien, que siguiéramos derecho porque en un par de kilómetros teníamos la entrada.

Los celulares seguían sin funcionar.

Ya habíamos recorrido más de 60 km de distancia, más que suficiente para haber llegado a destino, pero seguíamos en ruta.

Insistimos con el GPS y en un momento volvió a funcionar por unos segundos diciendo que faltaban 35 km.

¿Sabes qué hora era? Las 9:15 de la noche.

3 horas para hacer un trayecto de 40 minutos.

Estaba realmente agotado y desorientado, pero no tenía mayor opción que manejar.

Finalmente llegamos.

Al entrar al corta, la entrada del pueblo también se veía distinta.

Había iluminaciones y decoraciones que yo no recordaba haber visto nunca, mi esposa tampoco.

Y en lo que más me fijé, que me llamó la atención fue la estación de servicio unos kilómetros antes de la entrada, donde siempre estuvo una vieja estación deteriorada de la marca IG3.

Ahora, esa noche brillaba una estación completamente nueva de la marca Puma.

Esto era imposible.

Pero a ver, como hacía semanas que no visitábamos a mi hermano, nos convencimos de que era quizás una remodelación reciente y seguimos camino.

Aunque me costó ubicar la entrada, algo que también fue poco habitual en mí, finalmente la encontré y llegamos a destino.

Mi esposa cuando llegamos me pidió algo que no habláramos sobre el tema.

Era evidente que algo dentro de ella se estaba negando a procesar lo que habíamos vivido.

Era algo realmente extraño, porque un viaje que tendría que haber durado 40 minutos nos llevó 3 horas y el tanque de combustible, que estaba lleno al salir estaba prácticamente vacío al llegar.

Eso era imposible para ese trayecto y con el auto en perfectas condiciones.

Una vez en la mesa estábamos rodeados de gente que conocía bien la zona.

No pude contenerme y comencé a contar lo que habíamos vivido.

Nadie reconocía nada de lo que describía.

El peaje no existía, la estación Puma tampoco.

La ruta 90, me confirmaron, estaba en buen estado y el viaje no debería llevar, como lo dije, más de 40 minutos como mucho.

Así que, como suele pasar en estos casos y como me imaginaba, empezaron a mirarnos como si estuviéramos locos.

Pero entonces me acordé de algo, el ticket.

Le dije a mi hermano y a un amigo que tenía el comprobante del peaje en el auto y era la mejor manera de saber a dónde habíamos estado.

Salí de la casa, fui al auto, lo abrí, entré, busqué en la guantera donde yo mismo lo había guardado frente a mi esposa y a mis hijos, pero no estaba.

Revisé todo el interior del auto, cada rincón y nada.

El ticket había desaparecido.

Fue un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo.

No podíamos creer lo que nos había pasado.

A la mañana siguiente me desperté con una sola idea en la cabeza, volver por el mismo camino.

Desayunamos, nos despedimos y partimos con la ansiedad de ver con nuestros propios ojos si lo de la noche anterior había sido real.

Lo primero que encontramos al salir fue la estación de servicio de la entrada, solo que esta vez no era la puma reluciente de la noche anterior, era la vieja EG3 en ruinas, cubierta de tierra y piedras, usada como depósito por personal vial, si no me equivoco.

Mi esposa y mi hija, que le habían prestado especial atención a esto la noche anterior, se quedaron sin palabras.

Hicimos el trayecto completo de vuelta desde Alcorta a Villa Constitución.

¿Sabes en cuánto? en 35 minutos consumiendo apenas un poquito de combustible, ni siquiera una raya.

No encontramos ningún peaje, no había árboles enormes ni puestos de venta, era una ruta recta, solitaria y en muy buen estado, exactamente como debería ser.

Lo que la noche anterior nos había costado 3 horas y un tanque lleno de combustible, a la luz del día, no duró ni 40 minutos.

De regreso por la autopista 9 le señalé a mi esposa la ruta que yo conocía, la autopista real, con el Shopping City Center, con el peaje de entrada, con la estación Action en el medio, todo en su lugar, todo normal, todo como siempre.

No podíamos explicar qué había pasado.

Hasta hoy no tengo respuestas para lo que vivimos.

Fue como si hubiéramos cruzado hacia un lugar paralelo, una versión distorsionada del camino que conocíamos a la perfección.

Hay quienes hablan de portales, de fallas en la realidad, de viajes en el tiempo.

Yo, honestamente no creo en ninguna de esas cosas, o al menos no las creo en abstracto, pero tampoco puedo ignorar lo que vivimos.

Lo que sí puedo decir es que en ningún momento sentimos un miedo paralizante.

Fue todo extraño, perturbador y real, pero ocurrió con una calma que pensándolo bien también resulta inquietante.

Me llevó dos años animarme a contarlo.

Si alguien más pasó por algo similar, me gustaría saberlo, porque hay experiencias que no tienen explicación y a veces simplemente por contarlas ya es suficiente.

Sí.

Y esto sería la zona del peaje que supuestamente esa noche que pasamos acá había un peaje y ahora no hay absolutamente nada.

Paré al costado para comprobar que no existió ninguna estructura y que eso que nos pasó fue rarísimo.

Eh, no existe ninguna clase de peaje acá.

Nunca existió tampoco.

Y ahora más adelante vamos a pasar por la estación que supuestamente esa noche lo juro por mi hija y por mi hijo que eh esa estación estaba en marcha.

Así que eh ahora voy a a mostrarte la las imágenes de que esa estación está abandonada, que yo sabía que estaba abandonada, pero ese día estuvo en funcionamiento.

Quizás fue por por única vez que se iba a ver.

Tal vez, no entiendo.

No, no le encuentro explicación.

Y esta ruta normalmente eh es transitada eh en un solo trecho desde Villa Constitución hacia el Corta eh pueblito a la afuera de Rosario, provincia de Santa Fe.

Y bueno, un día como hoy fue esa travesía que nunca llegamos.

Esto son 35 minutos cuando mucho, desde Villa Constitucional corta donde vamos a ir ahora.

Y acá estamos llegando a lo que es eh la estación de servicio.

El momento que pasamos era Puma con todo su cartelería, luces encendidas, camión cisterna, eh surtidores encendidos, eh una estación en perfectamente eh funcional y hoy Hoy les puedo decir que está completamente abandonada de como yo sabía que estaba.

Cuando vinimos por acá vimos todas las luces, carteles, eh es más, el el Servicub estaba eh brillante con las mesas todas arriba, como que habían dejado de habían cerrado, pero estaba todo en funcionamiento.

Hoy está como aquella vez estaba, completamente abandonada.

¿Qué pasó? No sé, pero eso fue la estación.

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