Posted in

En 1993, volviendo a pie del cementerio de Navarro, una familia muerta de sed paró en una vieja despensa de campo. Los atendió una pareja de ancianos muy amables que les vendió una Coca-Cola helada y les regaló un pan casero recién horneado por ser sus “últimos clientes”. Al llegar a la casa de sus tíos del pueblo, les contaron la experiencia. Los tíos, pálidos, les aseguraron que en esa ruta no había ninguna despensa. Tras una fuerte discusión, los hombres volvieron al lugar esa misma noche para comprobarlo. Al regresar estaban blancos del susto: el almacén existía, pero llevaba más de 20 años completamente abandonado. Al día siguiente, el hijo menor fue en bicicleta a revisar el lugar y encontró el envase de vidrio que habían usado el día anterior…

Si vos conoces la zona de Navarro, esta historia te va a interesar.

Y si no, seguramente también, porque esta situación que vas a escuchar hoy se suele dar en diferentes lugares sin aviso alguno y tal vez a vos te pasó y nunca te diste cuenta.

Bienvenidos a este nuevo episodio.

La verdad es que no tenía pensado contar esto en público y que tanta gente lo escuche, pero realmente me sentí cómodo al darme cuenta que si bien estas cosas no tienen explicación y muchas personas lo toman como algo sin sentido, hay tantísimas más que escuchan de otro modo, de forma más abierta y aceptan que lo paranormal existe y tiene tantas variantes que difícilmente lleguemos a comprender la naturaleza o el propósito de lo que puede presentarse.

No tengo idea alguien más le pasó algo en esta zona, pero si es así, [música] me encantaría saberlo.

Hoy ya soy grande, pero esto que quiero contarte no lo voy a olvidar.

Mucho más porque todo se dio mientras estábamos con mi familia en cercanías al cementerio de Navarro.

Fue algo único, sin dudas, al menos para nosotros.

Esto pasó en el año 1993.

Yo tenía 14 años en ese momento y mi familia era normal, laburadores y siempre peleándole a como la gran mayoría.

Mi papá es de Santiago del Estero y mi vieja de Navarro, pero cuando se casaron terminaron viviendo en Isidro, Casanova, donde mis hermanos y yo nacimos y donde vivimos gran parte de nuestra vida.

Mi abuela, la madre de mi mamá, vivió gran parte de su vida en Navarro y nosotros, si bien íbamos muy cada tanto para allá, ella lo hacía siempre, como mínimo una vez al mes, para visitar familiares, vecinos, amigos, quedándose una semana o tal vez más.

Y fue justamente durante uno de estos viajes que pasó algo terrible.

Una mañana recibimos un llamado en casa y cuando mi viejo atiende, recibió la terrible noticia.

Mi abuela se había descompensado y murió a los pocos minutos.

Fue tan de golpe que nadie logró salvarla.

Fue un gran golpe para nosotros, pero también un gran cambio porque Navarro desde esos días se convirtió en mi segunda casa.

Mi abuela fue enterrada en el cementerio de Navarro, en un pueblo que [música] amó con locura hasta su último momento.

Por lo tanto, de no ir casi nunca para allá, desde su muerte comenzamos a viajar bastante seguido para ver a mi tía, obviamente, y también para visitar y arreglar la tumba de mi abuela en el cementerio.

Y durante estos viajes no solo me fui enamorando del pueblo, sino que conocí gente, primos lejanos, que no sabía ni que existían.

Me hice amigos y terminé disfrutando los días en este lugar de una manera increíble.

Y a ver, estos son solo detalles para ponerte en contexto y que entiendas un poco más cómo fue todo.

Y no quiero olvidarme también, esto es para quien conozca la zona, que a principios de los 90, cuando esto pasó, la zona de Navarro no era tan poblada como lo es ahora.

Su espíritu era el de un pueblo del interior muy tranquilo y sumamente seguro en todo sentido.

Nosotros estábamos más o menos del cementerio que íbamos a visitar a mi abuela, estaríamos a 30 cuadras de la casa de mi tía.

Ahí la gente se mueve en bicicletas y tenés auto, te movés en auto y mucho ciclomotor.

No había remí, eh, no existía ni hablar de Uber código.

Hoy tenemos prácticamente era ir el cementerio o era a las 7 de la mañana cuando salía uno de los colectivos que salía de Navarro a Primera Junta y bajarse en el cementerio y después volver caminando esas 30 cuadras.

Después salía una a las 2 de la tarde y así y el otro a las 6 de la tarde, me parece.

Los horarios, viste, medios complicados.

En un viaje de eso había un colectivo un hombre ahí, me acuerdo, te voy a dar el apellido, lo podés buscar.

Fersola llamaba, no sé si estará vivo, no, tenía una bicicletería grande ahí en en Navarro, pero el hombre este eh tenía un microescolar y hacía tres viajes durante el día.

Recorría el pueblo, vendría a ser, ¿viste?, no era un pueblo para que vayan muchos turistas, pero te llevaba al cementerio, salía por la ruta, giraba todo, te llevaba a los lugares medios históricos del lugar, una pulpería vieja, al hospital.

laguna giraba todo el molino, que era muy famoso en ese tiempo, eh, mucho raro el polideportivo.

Eh, averiguamos con el hombre estas cosas salía, bueno, lo más o menos cuando estamos por ahí los cruzamos a este hombre.

Agarra, dice, “Bueno, voy a hacer un viajecito, voy a hacer una excepción y lo fuimos pero me dice, “Van a tener que aguantar que voy a dar toda la vuelta por el pueblo y el último del cementerio se bajan y yo sigo camino.

” Dice, “Vist.

” Aquella vez, justamente era el día de la madre.

Fuimos mi hermana con su novio, mi mamá, mi papá y yo, por supuesto.

Me acuerdo que si bien no era verano, aún hacía bastante calor y mucho más en el medio del campo por donde estaba el cementerio.

En aquel momento no había prácticamente edificaciones por ahí, muy distinto a lo que hoy en día se puede encontrar.

Con el micro hicimos toda la recorrida y después de un rato terminamos llegando al cementerio.

El colectivo [música] se fue y nosotros nos quedamos ahí pensando en que después teníamos que caminar esas 30 o 30 y pico [música] de cuadras hasta la casa de mi tía.

Entramos, recorrimos un poco el cementerio, visitamos a mi abuela, mis viejos arreglaron un poco la tumba y al rato comenzamos a salir despacio.

No estábamos apurados para nada y la idea era, en cierta forma aprovechar el camino para pasear un rato todos juntos.

Por supuesto que nunca esperamos que pase algo y mucho menos [música] algo tan impresionante.

Cuando salimos para volver, mirábamos y es era una calle.

Hoy prácticamente el camino que [música] va al cementerio tenés chalé de los dos lados.

En ese tiempo no había nada.

Tenías el cementerio, una pulpería vieja que hoy en día es tipo museo, me parece, y lo que seía eran dos casas del mano derecha viniendo del cementerio para del para el lado del pueblo.

Tenías dos o tres chalés del lado de la mano derecha, harías siete cuadras y ahí empezaba el polideportivo y después no tenía más nada hasta llegar a la la avenida del pueblo que te digo yo, era un pueblo.

Hoy en día tenés muchas más cosas.

Hoy está todo poblado, esa zona, el cementerio, está todo poblado.

Caminamos bastante.

Íbamos hablando en que teníamos sed, así que mi viejo propuso que cuando pasáramos por el polideportivo podíamos entrar y comer algo en el buffet.

Nos habían dicho que se comía bien ahí.

Así fue que seguimos paso y los planes cambiaron.

Cuando vimos a nuestra mano izquierda, unos 30 m adelante, [música] un cartel que decía despensa y como faltaba bastante para el polideportivo, decidimos parar ahí y comprar como mínimo una gaseosa, algo para tomar todos juntos.

Cuando llegamos nos encontramos con una casa muy vieja, con una entrada linda, todo bastante prolijo.

Una parra daba sombra hasta la entrada de la despensa.

Había un juego de jardín de fierro a un costado, me acuerdo, el piso de baldosas rojas medias gastadas.

libus trinean casi todo el frente.

Era muy lindo el lugar era básicamente una típica casa de campo donde también funcionaba una despensa que lógicamente trabajaba con la gente del pueblo.

Navarro en ese momento y menos en esa zona, no era algo turístico.

Así que entramos a la despensa y nos dimos cuenta que si bien todo estaba lindo, como te dije, notamos que las estanterías estaban prácticamente vacías.

Había poco o casi nada.

justamente quien nos atendió, una señora muy mayor, nos saludó amablemente con una sonrisa y nos preguntó qué necesitábamos.

Cuando le preguntamos si tenía alguna bebida y algo para comer, nos pidió disculpas porque le quedaban muy pocas cosas y lo único que nos podía dar era una gaseosa.

Ahí noás sacó de la heladera mostrador esas antiguas de madera, una botella de coca de vidrio, esas que se vendían antes, las de ahora son distintas.

Colocó tres vasitos en el mostrador y otra vez nos pidió disculpas, pero no tenía ninguno más.

Te juro que disfrutamos esa Coca como nunca.

Fue la más rica de toda [música] en nuestra vida.

Estaba helada y riquísima.

Cuando terminamos le pedimos otra, pero nos dijo que era la última.

De hecho, nos confesó que ya no iban a vender más porque estaban justamente cerrando definitivamente la despensa.

En ese momento escuchamos que por la galería del costado alguien se acercaba caminando.

Cuando lo vimos era también un hombre mayor en alpargatas.

Tenía una boinita marrón y estaba vestido muy sencillo como la gente de campo.

Lo saludamos y él nos respondió amablemente inclinando la cabeza y sonriendo.

La señora a todo esto se mantenía acompañándonos.

Ella le sonrió al hombre también, por lo que entendimos que sería su marido, tal vez, aunque no dijimos nada por una cuestión de educación.

Le preguntamos otra vez si tenía algo para comer, cualquier cosa, y nos dijo que no, que como nos dijo antes, ya no le quedaba prácticamente nada, pero se quedó pensando un poco, unos segundos y nos dijo que la esperáramos.

Se fue aproximadamente un minuto, un poco más, un poco menos y apareció con algo.

Envuelto en un repasador bastante usado, bastante viejo, trajo un pan de esos redondos y grandotes.

Estaba tibio todavía y nos dijo que ese pan casero era un regalo para nosotros por ser sus últimos clientes.

Estaba delicioso y junto con la coca fue una salvación.

Lo disfrutamos un montón.

Mientras estábamos ahí, yo vi que en la libustrina [música] a un costado había varios caracoles de esos que uno junta en el mar.

Y como yo en ese tiempo tenía una pecera con algunos peces, fui y sin que nadie me vea, me agarré tres y me los guardé rápido en la mochila.

La idea era ponerlos en la pecera cuando volví a casa, pero si me veían, me iban a decir que no los agarre.

Nos quedamos unos minutos, le pagamos la coca.

El pan se negó a cobrarlo porque nos dijo que era un regalo de ella y que se alegraba muchísimo que nos haya gustado.

La saludamos y nos fuimos.

Esa misma noche, cuando estábamos cenando en lo de mi tía, en la mesa había justamente [música] una gaseosa Coca-Cola que para nosotros era un clásico en ese tiempo y fue mi viejo que cuando le dio el primer sorbo la miró a mi mamá luego a nosotros y nos dijo, “La verdad que ver a la que tomamos hoy en la despensa, ¿eh? Esa fue la más rica de toda mi vida.

Qué buena que estaba.

Mi tío se rió diciendo que todas las cocas eran iguales y empezó una discusión sobre esto.

Pero todo cambió cuando mi tío nos preguntó dónde habíamos tomado esa famosa gaseosa tan rica.

Le contamos al detalle nuestra aventura volviendo al cementerio y cuando terminó de escuchar se quedó callado, miró a mi tía y después riéndose les dijo a mis viejos que ahí no había nada donde comprar y menos una despensa.

Nosotros nos miramos y le discutimos a muerte que sí había una.

La describimos a la perfección y mis tíos seguían manteniendo la misma postura.

Ellos conocían la zona perfectamente y lo decían con mucha seguridad.

[música] No había ninguna despensa donde comprar algo que seguramente nos habíamos confundido y lo hicimos en el polideportivo, pero no porque eran dos cosas muy distintas.

Y de hecho después de salir de la despensa de esta señora unas cuantas cuadras más adelante, efectivamente estaba el club pasamos por el costado.

Nosotros no teníamos dudas pero mis tíos tampoco.

Y esto sí que generó una situación extraña en la mesa.

O sea, yo estaba en mi mundo con mi primo boludeando, ¿viste? Ellos seguían hablando de eso y que sí que hay un almacén, no hay nada, le dice mi tío, ¿viste? Te juego lo que quiera, te juego una coca que decís vos, si vos vas y está el almacén, te compro una coca yo.

Y si vamos y no está el almacén, le dice, “Vos me pagas una cerveza”, le dice, ¿viste? Bueno, y se agarraron y se fue mi cuñado, mi mi tío y mi viejo.

No sé, habrán pasado 20 minutos, media hora y llegan, ¿viste? Llegan.

Mi tío se cagaba de risa.

Mi tío se cagaba de risa porque no no creía.

Mi viejo y mi cuñado estaban pálidos.

Estaban pálido.

Pálido, pero pálidos, ¿viste? ¿Qué pasó? ¿Viste? No, no sé qué, ¿viste? Y no querían hablar, no querían decir.

Y mi tío dice, “Viste, no hay nada ahí, dice.

Fuimos a la a la casa, no sé, no me acuerdo bien si era Fune, Frune, no me acuerdo cómo era.

Dice, “Esa casa está vacía hace como 20 años”, le dice, “Viste.

” Y mi mi mamá le dice, “¿T están jodiendo?” Dice, “No”, dice, “Fuimos”, le dice mi viejo.

“Fuimos ahí no hay nada, Cristina”, le dice, “no nada.

” Nosotros parábamos la oreja, yo paraba la oreja, ¿viste? Que no hay nada.

Fuimos, está todo abandonado.

Donde fuimos estuvimos hoy, está todo abandonado, le dice.

Viste, personalmente, en ese momento, más allá de la discusión que mis viejos y mis tíos tenían, [música] que mi cuñado estaba pálido, sin saber qué decir y mi hermana igual, yo no sabía qué creer.

Por un lado estaba impresionado y por otro sospechaba que por ser el pibe de la familia me estaban tomando para la joda, aunque no parecía porque prácticamente no me estaban incluyendo en la conversación.

Yo estaba más bien como un oyente a un costado.

Al día siguiente agarré la bici y nos fuimos con mi primo.

Quería verlo con mis propios ojos.

No podía creer que algo así pueda pasar.

Después de un rato, llegamos al lugar y no podía creer realmente lo que estaba viendo.

Ya desde lejos noté que algo no estaba bien, porque la vegetación ahora estaba mucho más crecida, desde los árboles hasta la leustrina, todo era distinto.

La parra no estaba, aunque sí todos los alambres para sostenerla.

[música] Y el lugar era el mismo al que habíamos entrado el día anterior, pero con la diferencia que ahora eran ruinas.

El cartel de despensa de chapa estaba tirado en el jardín, a un costado, entre los pastos altos y todo el lugar en sí llevaba, sin dudas, muchísimos años abandonado.

En mi cabeza no podía comprender lo que mis ojos estaban viendo y ahí entendí por qué mi viejo y mi cuñado estaban tan pálidos cuando llegaron.

la mesa donde habíamos pollado el el pan y la gaseosa, el el envase estaba ahí.

El envase estaba ahí totalmente viejo.

Eh, a mí me [música] agarró un escalofrío, no te digo que me agarró miedo, me agarró un escalofrío, capaz que porque era chico, no, no sé cómo te puedo decir.

Eh, eh, no sé.

Y yo me acordé, yo desde ahí traje, digo, el caracol y fui a la a la mochila de de mi hermana y y estaba todo hecho polvo, todo hecho polvo, todo aplastado, todo pero molido, molido mal.

Yo no sé, hoy en día capaz que hay explicaciones buscando, hoy se se dicen de de un bucle temporal que te pudo haber agarrado.

La verdad que no sé qué pasó las veces que íbamos para el cementerio y entramos por la ruta, no entramos más por esa calle.

es como te puedo explicar algo loco, pero es como te digo yo en ese tiempo no teníamos explicación, por mucho tiempo no tuvimos explicación qué pasó, qué gente quién era lo que estamos ahí porque en un momento no fue nada raro.

Por eso te digo yo, hoy en día se habla de de bucle temporal, de estas cosas, yo no no no sé, no encuentro explicación.

Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.