Posted in

POLÉMICO: LAURA UBFAL ROMPIÓ EL SILENCIO TRAS LOS DICHOS DE DEL MORO

Laura Ubfal salió a responderle a Del Moro: una frase, una vieja herida y el debate que volvió a encender la televisión
thumbnail

La televisión argentina volvió a mostrar una de sus características más constantes: nunca tarda demasiado en convertir una frase en un debate de fondo. Esta vez, el centro de la escena fue Laura Ubfal, quien decidió romper el silencio tras los dichos de Santiago del Moro sobre los estándares físicos dentro del medio, especialmente la idea del histórico “90-60-90” como símbolo de un modelo hegemónico de belleza. Lo que en un primer momento pudo parecer una observación más sobre la estética televisiva terminó abriendo una discusión mucho más amplia sobre gordofobia, presión corporal, representación y la manera en que la industria sigue evaluando a las mujeres frente a cámara.

La reacción de Ubfal no fue la de alguien ofendida por una alusión personal. De hecho, su postura fue bastante más matizada. Según lo informado, consideró que Del Moro no estaba apuntando directamente contra ella ni contra una persona en particular, sino usando un ejemplo para ilustrar una lógica más estructural: la imposición de una imagen considerada “correcta” o “vendible” en la televisión. Esa distinción es importante porque evita una lectura puramente sensacionalista. No se trató, al menos en su enfoque, de una pelea personal sino de una conversación sobre cómo funciona un sistema que durante décadas ha privilegiado ciertos cuerpos y ha marginado otros.

Lo interesante del caso es que Laura Ubfal no niega la existencia de esa lógica. Al contrario, la reconoce con bastante claridad. Sostiene que la televisión siempre fue un espacio en el que la imagen tuvo un peso enorme, no solo por una cuestión estética sino por la propia naturaleza del negocio del entretenimiento. La pantalla vende presencia, carisma, belleza y, muchas veces, una versión estilizada de la realidad. En ese contexto, la apariencia física no fue un detalle secundario sino una variable decisiva. Ubfal incluso recordó una anécdota del pasado, cuando una ejecutiva de canal solo aprobaba a las mujeres que tenían piernas bonitas para salir al aire. Esa referencia ayuda a mostrar que el problema no es nuevo ni circunstancial: viene de larga data y forma parte de la cultura interna de la industria.
La polémica defensa de Santiago del Moro a Laura Ubfal: Si tuviera 25 años...

Esa dimensión histórica es la que hace que el debate exceda a Del Moro y a Ubfal. Lo que se discutió en este episodio no es simplemente si una figura televisiva puede o no hablar de los cuerpos ajenos, sino cómo la televisión ha construido durante años un ideal de belleza casi normativo, y cómo ese ideal sigue dejando huellas en la forma en que se seleccionan conductores, panelistas, participantes de reality shows y hasta invitados a programas de entretenimiento. En ese sentido, la frase de Del Moro actuó como disparador de un malestar acumulado que no pertenece solo a una persona, sino a toda una estructura mediática.

La cuestión de la gordofobia también apareció con fuerza en la reacción de Ubfal. Ella misma reconoció que existe y que está presente tanto en la sociedad como dentro de programas muy visibles, incluyendo Gran Hermano. Esa admisión es relevante porque no busca negar una problemática incómoda, sino ubicarla en el plano real donde ocurre: no solo en los comentarios de las redes, sino en la lógica cotidiana de la televisión. El juicio sobre el cuerpo, la presión sobre la imagen y la asociación entre valor profesional y apariencia física siguen siendo temas sensibles en la industria. Y aunque haya más conciencia que antes, no puede decirse que el debate esté resuelto.

Sin embargo, Ubfal también dejó en claro que su experiencia personal no se vio atravesada por ese conflicto de la misma manera. Según expresó, nunca se sintió maltratada ni obligada a quejarse por su figura, y aseguró estar muy satisfecha con la carrera que construyó. Esa declaración cumple dos funciones al mismo tiempo: por un lado, la distancia respecto del supuesto agravio; por otro, una forma de reafirmar autoridad dentro del medio. En el subtexto aparece una idea bastante clara: la trayectoria profesional puede ser más sólida que cualquier canon estético impuesto desde afuera.
Canceladísimo! El polémico comentario de Santiago Del Moro sobre Laura Ubfal que prendió fuego la TV: Si tuviera 90-60-90

Quizás el punto más llamativo de su intervención fue el tono con el que habló de Santiago del Moro. En vez de confrontarlo de manera dura, lo describió como alguien simpático, apasionado por su trabajo y siempre dispuesto a responder. Esa mirada amistosa sugiere una relación profesional fluida, incluso en medio de una controversia pública. En la televisión, donde los vínculos laborales suelen mezclarse con la exposición mediática, este tipo de matices importa mucho. No toda diferencia de criterio implica ruptura. A veces, incluso, la moderación en el tono revela que el desacuerdo es más conceptual que personal.

Pero no todo quedó en la postura de Ubfal. El caso también generó comentarios cruzados entre analistas y periodistas del propio ambiente, lo que le dio todavía más volumen. Algunas voces defendieron a Del Moro, interpretando que su intención no fue atacar a nadie, sino señalar cómo funciona el sesgo estético dentro del medio. Desde esa perspectiva, el conductor habría querido cuestionar una desigualdad histórica, no reproducirla. La idea tiene peso porque, en efecto, muchos debates sobre discriminación parten de ejemplos concretos que buscan mostrar un problema más general. El riesgo, claro, es que el ejemplo termine ocupando el centro y opaque el diagnóstico.

Otras opiniones, en cambio, fueron más críticas. De acuerdo con lo difundido, Yanina Latorre y otros comentarios al aire plantearon que, aunque Del Moro no tuviera mala intención, su intervención terminó reproduciendo justamente lo que pretendía denunciar: volver a poner el cuerpo de una mujer en el centro de la discusión pública. Esa objeción es difícil de ignorar. En tiempos donde la sensibilidad sobre los discursos vinculados a la imagen corporal es cada vez mayor, nombrar a una figura concreta puede abrir la puerta a nuevos comentarios, comparaciones y evaluaciones sobre la apariencia física. Es decir, la denuncia del estereotipo puede terminar reforzándolo si no se maneja con cuidado.
Laura Ubfal rompió el silencio tras los dichos de Santiago del Moro sobre su imagen y su carrera «La gordofobia es una realidad»: la panelista se emocionó al hablar del tema. LINK

Esa tensión entre intención y efecto es probablemente el núcleo del debate. Del Moro pudo haber querido hablar de un fenómeno estructural, pero una parte del público y de sus colegas sintió que la forma elegida reactivó un tipo de observación que hoy se cuestiona con más fuerza. Esto no significa necesariamente que haya habido mala fe, sino que el lenguaje mediático tiene consecuencias. Nombrar, ejemplificar y comparar nunca es inocente en un ambiente donde la imagen pesa tanto. Y menos aún cuando el tema involucra a mujeres con larga trayectoria pública, cuya apariencia ha sido históricamente objeto de juicio.

El caso de Laura Ubfal también sirve para exponer otro rasgo de la televisión argentina: la convivencia permanente entre la crítica, la camaradería y la rivalidad. En este episodio, las opiniones de unos y otros no solo hablaron del tema de fondo, sino también de cómo se posiciona cada cual frente a sus colegas, sus amistades y sus lealtades profesionales. Algunos comentaron que Ubfal tendió a defender a Del Moro justamente porque existe una buena relación entre ambos. Ese dato no es menor. En medios donde la exposición es constante, los vínculos suelen influir tanto como los argumentos.

Más allá de la polémica puntual, lo que quedó instalado es una pregunta incómoda pero necesaria: ¿cómo hablar de los estándares de belleza sin terminar reproduciendo la misma lógica que se intenta criticar? La respuesta no es sencilla. Si se evita por completo el tema, el problema queda oculto. Si se lo trata sin cuidado, se refuerzan los prejuicios. En el centro de esa tensión están las figuras públicas, obligadas a moverse en una zona delicada donde cada palabra puede ser interpretada como ataque, defensa o gesto pedagógico.
Laura Ubfal defendió la frase de Santiago del Moro que indignó a las redes: "Estaba dando un ejemplo" - Big Bang! News

También hay un trasfondo generacional en esta discusión. La televisión de otras décadas naturalizaba la selección por apariencia con mucha menos resistencia social. Hoy, en cambio, existe una mayor conciencia sobre diversidad corporal, representación y discriminación. Sin embargo, esa transformación convive con prácticas y sensibilidades heredadas del pasado. Por eso este tipo de debates sigue apareciendo: porque el medio cambió en el discurso más rápido que en sus hábitos. Y cuando eso ocurre, las tensiones reaparecen en forma de polémicas públicas.

Laura Ubfal, en definitiva, no pareció ofendida por una acusación directa, sino interesada en aclarar que el comentario de Del Moro debería leerse como una reflexión sobre la estructura del medio y no como un ataque personal. Esa aclaración, aunque razonable, no cerró el debate. Al contrario, lo abrió todavía más. Porque una cosa es la intención y otra el efecto real sobre la conversación pública. Y en televisión, el efecto casi siempre termina imponiéndose.

Lo que deja este episodio no es una simple disputa entre dos figuras conocidas, sino una radiografía bastante precisa de cómo la pantalla sigue organizando el valor de los cuerpos, cómo se discuten esas reglas y cómo incluso quienes intentan criticarlas corren el riesgo de reproducirlas. En ese terreno, la voz de Ubfal fue útil para ordenar el debate, pero no para clausurarlo. Y quizás ahí radique su mayor interés: en mostrar que la conversación sobre belleza, gordofobia e imagen en televisión sigue abierta, incómoda y muy lejos de estar resuelta.

Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.