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LA ATERRADORA VERDAD DE LA HIJA DE CLAUDIO BARRELIER POR EL CRIMEN DE AGOSTINA VEGA ¿QUÉ VIO?

El tsunami político y los sórdidos antecedentes que la justicia ignoró antes del feroz crimen de Agostina Vega

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La investigación penal por el femicidio de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada tras ser llevada mediante engaños el pasado 23 de mayo, desencadenó un colapso institucional en la provincia de Córdoba que salpica de forma directa al poder político, judicial y municipal.

El entramado de encubrimiento y complicidades alrededor del principal acusado, Claudio Barrelier, destapó una red de favores y protección que impidió que el imputado permaneciera tras las rejas antes de perpetrar el crimen.

Los registros oficiales confirman que Claudio Barrelier ingresó a la administración pública en mayo de 2021 sin concurso previo bajo la figura de becario, durante la gestión del entonces intendente Martín Llaryora.

Su nombramiento se produjo dentro de un lote de 360 becarios promovidos a contratos estatales por intermediación del exconcejal y abogado peronista Ricardo Moreno, quien además colocó a su propia hija, Puli Moreno, como empleada monotributista con un sueldo de 1.050.000 pesos sin contraprestación de servicios asignada ni residencia en la ciudad de Córdoba.

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Claudio Barrelier cumplía funciones en la Escuela Municipal de Conductores, un área clave de la dirección de tránsito que le otorgaba acceso directo al esquema de monitoreo urbano, operativos viales y al conocimiento preciso de cuáles domos de seguridad policial se encontraban fuera de servicio en la capital.

Los investigadores confirmaron que el acusado utilizó esta información confidencial para pactar el encuentro con la víctima en una esquina específica del barrio Cofico donde las cámaras estatales no funcionaban.

El prontuario del imputado incluye una causa penal abierta en el año 2025 por el delito de privación ilegítima de la libertad, tramitada por el fiscal Iván Rodríguez, quien dispuso la liberación del acusado tras apenas 20 días de detención luego de que una mujer lograra escapar semidesnuda y a los gritos desde la vivienda de Claudio Barrelier.

El fiscal Iván Rodríguez no elevó dicha causa a juicio ni brindó explicaciones públicas sobre los motivos que justificaron la soltura del agresor, quien además afronta una investigación paralela por la comercialización ilegal de licencias de conducir truchas dentro del ámbito municipal.

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A este historial se suman los testimonios presentados ante la abogada del padre de Agostina Vega, donde al menos tres mujeres mayores de edad ratificaron haber sido víctimas de abusos sexuales por parte de Claudio Barrelier cuando eran menores de edad, describiéndolo como un operario territorial y puntero político que utilizaba su influencia para amedrentar a las jóvenes en la plaza de Alta Córdoba.

La impunidad del bloque criminal quedó en evidencia el domingo 24 de mayo a las 6:00 de la mañana, cuando la familia formalizó la denuncia por la desaparición de la menor ante la fiscalía de instrucción de turno.

La parálisis judicial y policial durante las primeras 24 horas del caso coincidió con la cobertura de seguridad del partido de fútbol entre los clubes River Plate y Belgrano, un factor que retrasó el despliegue de los rastrillajes operativos y la intervención de las fuerzas federales en un contexto donde los indicios apuntaban a redes de narcotráfico y trata de personas.

La distracción de las autoridades permitió que los implicados alteraran la escena del crimen y mantuvieran activo el teléfono celular de la víctima en diversas antenas repetidoras para simular que Agostina Vega se había ausentado de forma voluntaria.

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La reconstrucción de la línea de tiempo determinó que la menor salió de su casa en el barrio General Mosconi el sábado 23 de mayo a las 22:30 horas tras abordar un remís conducido por un chofer conocido de la familia.

El conductor declaró que la adolescente viajaba con la promesa de recibir un regalo sorpresa para su madre, Melisa Heredia.

A las 22:40 horas, el remís arribó a la intersección de las calles Juan del Campillo y Mariano Fragueiro, donde Claudio Barrelier aguardaba a la menor y procedió a abonar el costo del viaje al chofer, contradiciendo su declaración posterior ante los padres biológicos de la víctima, a quienes les negó haber visto a la adolescente esa noche.

El teléfono de la menor sonó cuatro veces ante el llamado desesperado de su madre, antes de ser apagado definitivamente por un tercero.

La madre del acusado, Viviana, rompió el silencio tras el arresto de su hijo y admitió que el imputado le aseguró que la denuncia previa de 2025 se trataba de “una cama de la política” para perjudicar su carrera territorial.

La mujer reveló además el impacto destructivo del caso en su entorno familiar al relatar la devastadora pregunta que la hija de 11 años de Claudio Barrelier le realizó a su madre tras enterarse de la detención: “¿Es verdad lo que están diciendo de mi papá?”.

La declaración pública de Viviana culminó con una condena directa hacia el accionar de su propio hijo frente a los medios de comunicación: “Es un monstruo, desgraciadamente es un monstruo si ha hecho todo lo que ha hecho”.

Mientras el secreto de sumario se mantiene estricto por orden de la fiscalía, una fotografía incorporada al expediente muestra a Claudio Barrelier abrazado junto al último detenido de la causa, Osvaldo Faceta, y rodeado por miembros de una facción de la barra del club Instituto denominada “Los Capangas” durante un festejo privado de cumpleaños celebrado horas antes de perpetrar el crimen.

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