Después de varios meses, regresa esta que es la sección favorita de muchos de ustedes, perros y animales actuando como humanos.
Hoy te expongo algunas de las historias más aterradoras que ustedes me han hecho llegar desde presuntos nahuales, es decir, brujos que toman la forma de animales, esto con el único fin de cometer atrocidades, así como mascotas que de un momento a otro comenzaron a comportarse extraño.
Y por esto mismo te doy una advertencia.
Procura que tu mascota no escuche estos relatos.
Es así que sin más dilación pasemos con historias aterradoras de animales y perros actuando como humanos.
Hola, Stan.
Me gustaría compartirte esta historia que vivió mi primo cuando era adolescente.
Desde entonces le tiene una fobia muy fuerte a los perros.
Esta historia entra en la categoría de animales o más bien perros.
que actúan como humanos.
La voy a contar en primera persona como si fuera él quien la estuviera relatando.
Creo que sí la puedes entender mejor.
Sin más, te dejo con la historia.
Mi nombre es Carlos y esto me pasó cuando tenía 10 años.
En ese tiempo vivía con mis papás y mis dos hermanos mayores.
Nosotros nunca habíamos tenido mascotas, aunque a toda mi familia le gustaban mucho los animales.
Mis tíos sí tenían perros y cada que íbamos a su casa, mis hermanos y yo, jugábamos con ellos en el patio, pero en mi casa nunca habíamos tenido uno.
Todo cambió en 2015.
Mi hermano mayor estudiaba en la prepa 5, cerca del IMS 32.
Nosotros vivíamos en unos departamentos por calzada de las brujas.
Recuerdo muy bien cuando pasó.
Era junio.
Esa noche estaba lloviendo muy fuerte.
Mi hermano iba en el turno vespertino.
Ya eran como las 10 de la noche y todavía no llegaba.
Mis papás estaban preocupados.
Caminaban de un lado hacia otro de la sala, se asomaban a la calle para ver si lo veían venir y cada vez se ponían más nerviosos.
De pronto tocaron la puerta.
Era él, pero no venía solo.
Junto a mi hermano venía un perro completamente mojado.
Era grande, color blanco y tenía una mirada muy triste.
No traía collar, placa ni nada que indicara que se había escapado de alguna casa.
Mi mamá le preguntó a mi hermano por el perro y él explicó que mientras caminaba hacia la casa lo vio en la calle empapado por la lluvia y le dio mucha tristeza verlo así, por lo que decidió traérselo para que pasara la noche bajo techo.
A mis papás les gustaban los animales, así que lo dejaron entrar.
Yo corrí a mi cuarto por una toalla vieja.
Mi mamá le dio agua y comida.
El perro estaba hambriento.
Se terminó comiendo todo.
Después acostó en el tapete de la entrada.
se acomodó ahí tranquilo, como si entendiera que ya estaba salvo.
Esa noche se durmió en la casa.
A la mañana siguiente, mi hermano lo sacó a pasear.
Cuando regresó, mi mamá nos dio la noticia durante el desayuno.
Nos quedaríamos con el perro siempre y cuando la rendadora no dijera nada.
Eso sí, nos advirtió que todos tendríamos que sernos responsables de él.
Mis hermanos y yo estábamos emocionados.
Por fin íbamos a tener una mascota.
Ese mismo día, cuando regresé de la escuela, mi mamá fue por mí y por mi otro hermano que iba en la secundaria.
Luego fuimos a una tienda de mascotas para comprarle una cama, una correa, comida y todo lo necesario.
Cuando llegamos a la casa, el perro ya nos estaba esperando en la puerta de la casa.
Le pusimos croquetas, agua y todo lo necesario.
Ya no se veía triste como la noche anterior, sin embargo, había algo en su mirada que no terminaba de convencerme.
Aún así, le agarré mucho cariño.
Le pusimos Loky.
Con el paso de los días, Loky empezó a dormir conmigo.
Cada noche iba por él, lo subí a mi cama y se quedaba ahí hasta la mañana siguiente.
Pero después empecé a notar cosas raras.
Algunas noches lo encontraba sentado en el sofá completamente quieto, mirando hacia un punto fijo, como si estuviera viendo a una persona que nosotros no podíamos ver.
A veces se quedaba viendo hacia la ventana que daba a la calle.
Yo pensaba que tal vez extrañaba fuera su libertad o la vida antes de llegar a nosotros.
Pero otras veces la televisión estaba encendida y Loky parecía verla.
No como un perro que mira luces o movimientos, sino que estaba atento como si entendieran todo lo que se veía en la televisión.
Yo en ese entonces solo me reía y decía, “Loky, ¿estás viendo la televisión otra vez?” Y me reía.
Luego apagaba la televisión y me lo llevaba a dormir conmigo.
Nunca le dije nada a mis hermanos ni a mis papás sobre esas actitudes extrañas, ya que en ese momento las ignoraba.
pensaba que solo eran cosas raras de un perro.
Hasta que Loky empezó a comportarse peor.
Comenzó a morder zapatos, cuadernos y cables electrodomésticos.
Y sí, sé que muchos podrían decir que es normal en un perro, pero lo extraño era que solo destruía mis cosas, no mordía nada de mis hermanos, no rompían nada de mis papás, solo lo mío.
Era como si lo hiciera para molestarme.
Y la verdad sí empezó a desesperarme.
Cada vez era más seguido, así que poco a poco comencé a tomar distancia de él.
Si estaba en mi cuarto, lo dejaba quedarse conmigo, pero si estaba en otra parte de la casa, ya no iba a buscarlo para subirlo a mi cama.
Cerraba la puerta y me dormía.
Creo que eso le molestó.
Y es que pasaron cuatro días en los que Loky ya no dormía conmigo.
Yo compartía cuarto con mis hermanos y esa noche la puerta estaba cerrada.
Todo estaba en silencio cuando de repente escuché una voz.
Alguien me dijo algo.
No entendí bien al principio.
Me levanté exaltado, pensando que algunos de mis hermanos me habían hablado.
Los miré a los dos, pero estaban acostados, aparentemente dormidos.
Me hablaron.
Pregunté.
Nadie respondió.
Me quedé quieto tratando de convencerme de que quizá lo había imaginado cuando volví a escuchar la voz.
Esta vez fue clara.
Puedo volver contigo.
Sentí que se me congelaba el cuerpo.
Volteé a todos lados buscando a Loki, pero no estaba dentro del cuarto.
Pensé que tal vez era mi imaginación, que estaba medio dormido o que había escuchado mal.
Me levanté, abrí la puerta y ahí estaba él.
Loky estaba sentado justo afuera mirándome fijamente.
No supe qué hacer.
Me quedé en shock con la puerta abierta.
Entonces Loky entró como si nada y se subió a mi cama.
Yo estaba ni siquiera cerré la puerta por completo.
La dejé entrar abierta por si tenía que correr.
Luego, con mucho miedo, me subí a la cama, pero Loky no se acostaba, simplemente me veía.
Y es que la voz que había escuchado parecía provenir de él, ¿o no? Su mirada me incomodaba demasiado.
Sentía que no era la mirada de un perro normal, así que me tapé por completo con las cobijas, de pies a cabeza y traté de dormir, pero no podía.
Aunque no lo estuviera viendo, sentía que Loky seguía mirándome.
Entonces escuché que se bajó de la cama.
Pensé que por fin se iba a ir del cuarto, pero no fue así.
Con suoscico agarró una punta de la cobija y empezó a jalarla.
Yo la sujeté con fuerza, pero Loky jalaba demasiado fuerte.
Tenía una fuerza que no parecía normal.
Forcejíamos unos segundos hasta que logró arrancarme la cobija por completo y me dejó descubierto.
En ese momento no lo pensé más.
Salí corriendo al cuarto de mis papás.
Escuché sus pisadas detrás de mí.
Venía siguiéndome.
Abrí la puerta del cuarto de mis padres y la cerré rápido.
Los desperté asustado, intentando explicarles, pero no me dejaron terminar.
Solo me dijeron que me acostara con ellos y ya.
Al sentirme a salvo, empecé a llorar.
No entendía que quería hacerme Loky.
No entendía por qué me había quitado la cobija de esa forma.
Desde ese momento ya no lo quería ver en la casa.
Tenía demasiado miedo.
No sé cómo logré dormir esa noche.
A la mañana siguiente, evité cualquier contacto con él.
No quería verlo, no quería que se me acercara, solo quería irme a la escuela para no estar en la casa con ese perro.
Cuando mi mamá fue por mí a la salida, me preguntó algo que me causó un escalofrío.
Me dijo que recordaba que en la noche cuando entré a su cuarto yo iba a decirle algo sobre Loki.
No sabía si contarle o no.
Tenía miedo a que no me creyera.
Pero ella me dijo que le dijera la verdad.
Entonces le conté todo.
Le dije que Lok había estado rompiendo mis cosas.
Le hablé de la voz que se escuchó en la noche.
Le conté que me había quitado la cobija y que sentía que quería hacerme algo.
Mi mamá se quedó seria.
Después me dijo que sí me creía y entonces me contó lo que a ella le había pasado esa misma mañana.
Después de dejarnos en la escuela, ella regresó a la casa.
Estaba sola porque mi hermano mayor se había ido con unos amigos antes de entrar a clases.
Mi mamá decidió bañarse, pero mientras estaba en el baño escuchó que la puerta se abría.
Se asustó porque se supone que no había nadie más en la casa.
Abrió apenas la cortina del baño para ver qué pasaba y vio que la puerta estaba entreabierta.
Afuera, por una rendija, alcanzó a ver a Loky.
Estaba parado ahí.
viéndola fijamente mientras ella se bañaba, mi mamá terminó de bañarse como pudo.
Al salir, la puerta seguía igual, pero Loky ya no estaba.
Se cambió rápido y bajó a la cocina.
Fue ahí cuando vi algo imposible.
En la cocina había dos perros blancos.
Los dos, dice, eran loky.
Mismo tamaño, mismo color, misma apariencia.
Y no era como si otro perro se hubiera metido a la casa.
Porque la puerta estaba cerrada.
Mi mamá con miedo le habló por su nombre, Loky.
Entonces uno de los perros volteó.
Tenía los ojos completamente blancos, como si estuviera ciego.
Ese perro empezó a gruñirle.
El otro, el que parecía ser locky normal, tenía una expresión extraña.
Mi mamá decía que parecía estar sonriendo, pero no como un animal feliz, sino que era una sonrisa macabra.
Ella corrió hacia la puerta y la dejó abierta esperando que alguno de los perros saliera, pero nada más corrió hasta la esquina y se regresó.
Tenía miedo de volver a entrar.
Un vecino la vio y le preguntó si todo estaba bien.
Mi mamá solo le dijo que había escuchado ruidos dentro de la casa y que estaba sola.
El vecino se ofreció entrar a revisar.
Revisó toda la casa, no encontró a nadie.
Entonces mi mamá le preguntó si no había visto a los dos perros blancos y le dijo que no, que no había nadie.
Con esa respuesta, mi mamá intentó tranquilizarse, le dio gracias al vecino y volvió a entrar a la casa.
Cerró todo con llave y revisó cada rincón.
Loky ya no estaba.
Ninguno de los dos perros estaba.
Fue en ese momento cuando recordó que yo la noche anterior había intentado decirle algo sobre Loky.
Ese día mi mamá y yo decidimos que no queríamos a ese perro en la casa.
Cuando mi hermano llegó y preguntó por él, le dijimos que mi mamá había dejado la puerta abierta y que Loky se había salido.
Entre nosotros dos acordamos que mi hermano nunca sabría la verdad.
Él imprimió carteles y salió a buscarlo durante varios días.
Afortunadamente, nunca lo encontró.
Esa es la historia de mi primo.
Desde entonces le tiene fobia a los perros.
Cada vez que está cerca de uno se asusta mucho al grado de quedarse paralizado.
Y aunque muchos podrían pensar que Loky solamente era un perro raro, mi primo y su mamá saben lo que vivieron.
Saben que esa cosa no era normal y que quizá esa noche de lluvia quizá no rescataron a un perro perdido, sino que dejaron entrar a su casa a algo maligno que se hacía pasar por un can.
Un suscriptor anónimo nos cuenta, esta es una historia que siempre quise compartir contigo, Stan, pero la verdad nunca sabía por dónde empezar.
Te comento que voy a omitir el lugar exacto donde ocurrió, porque algunas personas de la ciudad podrían reconocerlo fácilmente.
Por esa misma razón, no daré nombres reales ni del fraccionamiento ni de las personas involucradas.
Esto pasó por ahí del año 2006.
En el fraccionamiento donde vivíamos había una vecina, a quien llamaré Alejandra.
Ella vivía como a dos calles de la nuestra y tenía un perro labrador negro, muy gordo y bastante grande, casi del tamaño de un Kan corso.
El perro se llamaba Choco.
Era común que de vez en cuando lo soltaran o que se les escapara, así que no era raro verlo rodando por las calles del fraccionamiento.
A unas tres casas de la vecina Alejandra vivía a quien llamaré Verenice.
Mi mamá la frecuentaba mucho porque se reunían para jugar baraja española.
Cuando se juntaban a jugar también era común que después salieran a cenar.
Una de esas noches después de cenar íbamos a dejar a Verenice a su casa en una camioneta.
Ya era tarde, más o menos como a las 10:30 y 11 de la noche.
En esa ocasión todo parecía normal, pero justo cuando giramos para entrar a la calle de Bernice se nos atravesó algo a simple vista.
Parecía un perro.
Era grande, muy grande, como del tamaño de un kein Corso.
Al principio pensé que podía ser Choco, el labrador negro de la vecina Alejandra, pero de inmediato algo no me cuadró.
Era demasiado tarde para que anduviera suelto.
Además, había algo raro en su forma que no me cuadró.
Le aventé las luces altas de la camioneta y ahí fue cuando sentí que algo no estaba bien.
Si lo puedo decir así, diría que el animal no brillaba.
No reflejaba absolutamente nada de luz.
Era negro, pero no un negro común, sino uno demasiado profundo, como si absorbiera la luz en lugar de reflejarla.
No se le veían relieves, no se le distinguían sombras, no se le marcaba el cuerpo.
Era como una silueta completamente oscura, parada contra luz de un farol de la calle.
Parecía una figura plana, rígida, casi como si fuera de cartón.
Me acerqué más con la camioneta y las luces altas apuntándole directamente, pero no se movía.
Se quedó ahí tieso, inmóvil, como si no le importara que estuviéramos acercándonos.
Entonces, el perro hizo algo que hasta el día de hoy no me puedo explicar.
se levantó en dos patas, pero no como un perro que se incorpora de manera natural, de esas veces que apenas sí se pueden sostener.
No, aquello se movió de una forma mecánica, rígida, como si fuera un maniquí o una figura de plástico.
Era un movimiento antinatural para un perro.
Era como si no tuviera articulaciones reales.
Luego, estando parado en dos patas, giró 180 gr de derecha a izquierda.
No caminó, simplemente giró como si alguien no hubiera tomado una pieza rígida y la hubiera rotado desde abajo.
Después de eso, salió corriendo hacia una zona donde había arbustos de ciprés y un paredón.
Yo, incrédulo y también bastante imprudente, decidí seguirlo con la camioneta.
Le apunté con las luces altas y avancé detrás de él.
Los arbustos eran frondosos en la parte de arriba, pero no lo suficiente como para esconder a un perro de ese tamaño.
Además, en la parte baja, por las faldas del tronco, se alcanzaban a ver los pies o las patas de cualquier animal que pasara por ahí.
Fui siguiendo la dirección en la que se había metido.
Avancé hasta el final de los arbustos esperando verlo salir, pero no salió nada.
Esto no era posible.
y había ido detrás de él todo el tiempo.
No había manera en la que un perro tan grande se escondiera ahí sin que yo lo viera.
Tampoco había forma de que hubiera escapado sin salir por algún lado.
Simplemente se había esfumado.
En mi insistencia por encontrarlo, no me había dado cuenta de algo.
Mi madre, Verenice y su hija estaban gritando dentro de la camioneta.
Me pedían casi desesperadas que dejara de seguirlo.
Me decían que eso no era normal, que no era un perro.
Decían que esa cosa podría hacernos algo y que nos fuéramos inmediatamente de ahí.
Yo no quería aceptar lo que acababa de ver, pero sus gritos me hicieron reaccionar, así que dejé de buscarlo y nos fuimos.
Pasaron unos días, no recuerdo exactamente si fueron dos o tres.
Entonces nos avisaron que una tía había tenido un derrame cerebral en otra ciudad y que sería trasladada a la capital para recibir cuidados intensivos.
Dos días después ella falleció.
En el sur del país existe un rumor o más bien una creencia que dice que cuando una persona ve a una entidad paranormal es porque algún familiar, ser querido o alguien cercano está próximo a fallecer.
Algunos hablan de la llorona, otros hablan de sombras.
En nuestro caso fue esa cosa con forma de perro negro que estoy seguro era cualquier otra cosa menos un cánido.
Esa silueta rígida, oscura, que parecía tragarse la luz, se atravesó nuestro camino como si hubiera venido a anunciarnos algo.
Y hasta el día de hoy no puedo dejar de pensar en aquello y que absolutamente no era un perro y que no fue algo que simplemente vi yo.
Tanto mi madre, su amiga y su hija de esta última lo vieron.
Todos estuvimos presentes cuando vimos a esa entidad.
Hola, Stan.
Mi nombre es Pamela y he visto tus videos desde hace muchos años.
No soy una persona a la que le pasen cosas extrañas, pero sí creo que existen.
De hecho, una de mis secciones favoritas es la de animales actuando como humanos o de forma extraña.
Justo por eso mismo decidí enviarte esto que me pasó hace algunos años, en octubre.
En ese tiempo iba a la escuela, pero no tenía muchas tareas.
Así que mientras comía tenía la costumbre de ver tus videos, sobre todo los de animales actuando como humanos.
Mientras los veía, mi gato llamado Silver, que es de tamaño mediano y de color negro con blanco, solía comportarse raro.
Era como si escuchara algo que no debía.
En esa época también me desvelaba mucho jugando con un amigo de la prepa, así que normalmente me dormía entre la 1 y 3 de la mañana.
Una de esas noches dejé de jugar como a las 12, pero tenía insomnio, así que me quedé despierta un rato más y, créeme, fue algo de lo que me arrepentí.
Mi teléfono ya casi no tenía batería, así que no podía distraerme mucho.
Me quedé acostada viendo hacia la ventana que está cerca de donde duermo.
Todo estaba en silencio hasta que de pronto escuché un rasguño cerca de la ventana.
La ventana estaba cerrada.
Al principio pensé que tal vez era mi gato, pero el sonido era desesperado, como si algo estuviera intentando entrar.
Se escuchaba como si rasguñeran con fuerza, casi como si el gato le estuvieran haciendo daño afuera.
Quisiera meterse a la casa.
Después de un rato, el ruido se detuvo.
Con la poca batería que me quedaba en el celular, encendí la lámpara y apunté hacia la ventana.
Lo que vi me dejó sin dormir toda la noche.
Ahí estaba mi gato, pero no estaba como normalmente debería estar un gato.
Silver estaba parado en dos patas, completamente erguido, como si fuera una persona.
Tenía las patas delanteras sobre la ventana y estaba intentando abrirla poco a poco, moviéndose de una forma demasiado consciente, como si supiera exactamente lo que estaba haciendo.
Lo más extraño fue que cuando la luz le dio directamente, dejó de hacerlo.
Se bajó de inmediato y se puso en cuatro patas como si tratara de aparentar que no había pasado.
Si supiera que yo no tenía que haber visto eso.
En ese momento, mi teléfono se quedó sin batería y la lámpara se apagó.
La habitación volvió a quedar oscura.
Por unos segundos no escuché nada, pero después comenzaron otra vez los rasguños en la ventana.
Con la poca luz de la luna pude ver como Silver volvía a levantarse en dos patas y esta vez logró abrir la ventana con sus patas delanteras.
Entró lentamente, como si nada hubiera pasado, y luego se subió a mi cama para acostarse.
Yo no me moví en toda la noche, no pude dormir.
Me quedé completamente quieta, pendiente de él, con miedo de que hiciera algo en algunos momentos, sin mentirte, llegué a escuchar como si articulara palabras o algo parecido, solo que casi susurrando.
Aquí no puedo decirte si fue mi sugestión o si en verdad, Silver.
Estaba tratando de hablar.
A la mañana siguiente le conté a mi mamá lo que había pasado.
Ella se quedó extrañada, pero como era de esperarse, no me creyó.
Pensó que tal vez lo imaginé o que el sueño me había confundido.
Pero yo sé lo que vi esa noche.
Hoy en día todavía tengo a Silver.
Sigue viviendo conmigo, pero desde entonces siempre le pongo segura la ventana y en ocasiones se me queda mirando una actitud que me atrevo a decir, “No es normal en un gato, ya que me sostiene la mirada como si en cualquier momento fuera a hablar.
Esta es mi pequeña historia, Stan.
Sé que no es la más aterradora, pero créeme, vivir algo como esto de cerca te deja marcado.
Muchas gracias por leerme están.
Si debo contar la historia más extraña que me ha pasado con mis perros, definitivamente sería esta.
Para ponerlos en contexto, en ese tiempo tenía cinco perros, tres chihuahuas, un Yorky y una Border Colly.
Lamentablemente, dos de ellos ya fallecieron.
Ellos siempre fueron muy unidos.
Era bonito y hasta divertido verlos jugar juntos, correr por la casa y convivir como si fueran un pequeño grupo perfectamente organizado.
Pero lo más curioso era que la mayor de todos, una de las chihuahuas, parecía tener un papel muy claro dentro del grupo.
Ella era la Alfa, era la que lo regañaba, la que ponía orden y la que de alguna manera parecía dirigir a los demás.
Un día mi mamá y yo estábamos viendo la televisión en uno de los cuartos.
Específicamente en el cuarto de mis padres.
A veces los cinco perros estaban con nosotros mientras veíamos la tele.
O si no se quedaban en la sala donde normalmente solían dormir.
Pero ese día ninguno estaba ahí, ni en el cuarto ni en la sala.
Y eso ya se nos hizo un poco raro.
Lo más extraño empezó cuando nos dimos cuenta de que ninguno hacía ruido.
No se escuchaban pasos, ladridos, juegos ni nada.
La casa estaba demasiado tranquila.
Entonces alcanzamos a ver cómo dos de nuestras chihuahuas entraban y salían del cuarto de mis padres.
No parecían estar jugando, más bien era como si fueran a revisar algo.
Entraban, nos veían y se volvían a salir.
Después de un rato, mi mamá y yo sentimos que había algo raro en esa actitud.
Era como si se estuvieran asegurando de que siguiéramos ahí en la habitación viendo la televisión, así que decidimos levantarnos para ver qué estaban haciendo.
Caminamos hacia mi cuarto y ahí fue donde encontramos una escena que me parecía sacada de una película.
Los cinco perros estaban reunidos.
La chihuahua mayor, la alfa, estaba arriba de mi cama, viendo hacia abajo a los demás y los otros estaban sentados frente a ella, formados, quietos, observándola con toda la atención del mundo.
Parecía una reunión, como si ella estuviera dando indicaciones y los demás estuvieran escuchando.
No estaban ladrando ni aullando, solo estaban ahí en silencio, mirando a la chihuahua mayor como si entendieran perfectamente lo que estaba pasando.
Mi mamá y yo nos quedamos viendo la escena por unos segundos sin saber qué decir.
Fue tan extraño que simplemente retrocedimos despacio y regresamos al cuarto a seguir viendo la televisión.
No sé si ellos se dieron cuenta de lo que vimos, pero después de eso comenzamos a observarlos más.
Y quiero aclarar algo.
No creo que esto haya sido paranormal.
Tampoco diría que estaban actuando como humanos.
Más bien creo que lo que vimos fue una forma de comunicación animal que nosotros no alcanzamos a comprender del todo.
A veces olvidamos que los perros comparten parte de su naturaleza con los lobos.
Una especie que vive en grupo, se organiza, casa y convive bajo cierta jerarquía.
Ese día no vi fantasmas, no via una entidad ni algo sobrenatural, pero sí vi algo que me hizo entender que mis perros tenían una comunicación entre ellos, una forma de organizarse que iba mucho más allá de lo que nosotros imaginábamos.
Desde entonces siempre los llamé la jauría porque tal cual se comportaban como eso.
Sin duda una experiencia extraña de la cual no sé qué pensar exactamente.
Hola, Stan.
Espero puedas leer mi historia.
Mi madre me contó hace no mucho una anécdota que, según ella, le ocurría a una conocida de mi abuelo.
Yo soy de un pequeño pueblo del sur de México y como suele pasar en muchos pueblos, aquí también existen mitos, rumores y leyendas que la gente cuenta en voz baja.
Sobre todo porque en estos pueblos la gente llega a ser muy supersticiosa.
Pero bueno, la historia va así.
Hace tiempo esta mujer trabajaba en su propio puesto de comida.
Era una señora muy trabajadora.
de esas personas que suelen levantarse en la madrugada para preparar todo antes de que el pueblo despierte.
Tenía su clientela, su rutina y, por lo que sé, también conocía a mucha gente de la zona.
Entre esas personas estaba un señor ya mayor con quien ella tenía cierta amistad.
No era alguien desconocido para ella.
Lo saludaba, lo trataba y sabía quién era.
Sin embargo, alrededor de ese señor existían muchas historias.
La gente decía muchas cosas de él, rumores, comentarios, historias que, como pasa en los pueblos, nadie sabe de dónde salen exactamente, pero todos han escuchado en alguna ocasión.
Aún así, la mujer nunca les hizo caso.
Para ella, aquel señor era simplemente un conocido más.
No tenía razones para desconfiar de él ni para creer en todo lo que se decía.
Hasta que una madrugada algo ocurrió, se dió la señora.
Llegó muy temprano a su puesto, como siempre.
Todavía estaba oscuro y el pueblo permanecía en silencio.
Apenas comenzaba a preparar las cosas para iniciar su jornada, cuando escuchó ruidos extraños que venían de unas calles más adelante.
No sabía exactamente qué era.
Al principio solo eran sonidos confusos como movimiento, golpes o forcejeos en la distancia.
Pero entre todo ese ruido hubo algo que pudo reconocer claramente, el llanto de un perro.
No era un llanto común o un ladrido común.
Era como si al animal lo estuvieran golpeando o como si estuviera sufriendo mucho.
La mujer se quedó escuchando inquieta, sin saber si acercarse o quedarse donde estaba.
Después de unos minutos, los ruidos cesaron.
Todo volvió a quedar en silencio.
Ella trató de seguir con lo suyo, pensando que quizá se trataba de algún perro callejero o de una pelea entre animales, pero apenas había intentado calmarse cuando vio algo que la dejó completamente fría.
A unos metros de su puesto, en plena calle, apareció un perro.
Venía tambaleándose.
Se veía herido, débil, como si apenas pudiera mantenerse en pie.
caminaba con dificultad, arrastrando el cuerpo, dando pasos torpes, pero lo más aterrador no era verlo herido.
Lo que la dejó traumada fue su rostro.
La mujer decía que aquel perro tenía cara humana, pero no cualquier cara.
Tenía el rostro del señor mayor que ella conocía.
Era la misma cara, los mismos rasgos y la misma expresión, solo que deformada por el dolor, como si estuviera sufriendo profundamente por los golpes que acababa de recibir.
La señora no podía creer lo que sus ojos estaban viendo.
Frente a ella había un perro herido, pero con el rostro exacto de aquel señor del pueblo, del cual se decían tantas cosas.
El animal siguió avanzando lentamente, tambaleándose, sin ladrar y sin acercarse a ella.
Solo caminó hacia el parque del pueblo.
La mujer paralizada por el miedo lo vio llegar hasta ese lugar.
Entonces el perro con rostro humano se desplomó en el suelo.
Según ella, ahí pereció.
La señora no supo qué hacer.
No pudo moverse, no pudo gritar.
solo se quedó con aquella imagen grabada en la mente, intentando entender si lo que acababa de ver era real o si el miedo le estaba jugando una mala pasada.
Pero cuando amaneció y la gente empezó a salir a sus actividades, varios vecinos notaron algo en el parque.
Había un cupo tirado, solo que no era el perro.
Lo que encontraron fue al señor mayor, el mismo hombre cuya cara tenía aquel animal se encontraba sin signos vitales en el lugar donde la mujer había visto desplomarse al perro herido durante la madrugada.
Hasta el día de hoy, no sé si creer por completo esta historia, pero hay algo que me hace pensar que tal vez sí ocurrió como lo contaron.
Tiempo después a esta señora le dio diabetes y en mi pueblo algunas personas dicen que una de las cosas que puede provocar que te caigas a enfermedad es recibir un susto muy fuerte, pero no cualquiera, sino un susto de esos que te dejan paralizado.
Y si lo que esa mujer vio aquella madrugada fue real, entonces no me sorprende que su cuerpo jamás haya vuelto a ser el mismo.
Y es que es en serio están.
En los pueblos pueden pasar múltiples historias.
Más allá de la superstición de la gente, creo que son lugares idóneos en donde fenómenos sobrenaturales se pueden dar.
Y ahora con estos relatos de experiencias de animales actuando extraño o comportándose como humanos, creo firmemente en que hay algo de real en esta historia.
O tú qué opinas, están Red Queen, a través del grupo de Facebook al cual te invito a unirte, link en el comentario fijado, nos cuenta su historia.
Esto ocurrió entre el año 2018 y 2019.
En ese tiempo nosotros teníamos tres perros.
Dos eran de raza mediana y uno era de raza grande.
La verdad nunca habían actuado de una manera extraña.
Eran perros normales.
Si escuchaban a otros perros ladrar, ellos también ladraban.
Pero nada fuera de lo común.
Hasta que una noche todo cambió.
Mi abuelita, que en paz descanse, estaba en su cuarto.
Con ella estaban dos de nuestros perros, uno de raza mediana y el de raza grande.
La luz de su habitación estaba apagada, así que todo estaba tranquilo y en penumbra.
De pronto, los perros de afuera comenzaron a ladrar, pero no era un ladrido normal.
Mi abuelita decía que se escuchaban diferentes, como alterados, como si hubieran visto sentido algo que no estaba bien.
Incluso mi perrita, que estaba fuera, también empezó a ladrar de una forma muy extraña.
Fue entonces cuando los dos perros que estaban dentro del cuarto de mi abuelita también comenzaron a ladrar, pero mientras ladraban hicieron algo que ella jamás pudo olvidar.
Mi abuelita contó que los dos perros se hincaron, así como si estuvieran rezando.
Según ella, estaban en una posición extraña con el cuerpo inclinado, como si se hubieran puesto de rodillas ante algo que estaba ahí en la oscuridad.
Al ver eso, mi abuelita se asustó muchísimo y encendió rápido la luz de su cuarto.
Pero cuando volteó a verlos otra vez, los perros ya no estaban en esa posición.
Estaban acostados como si nada hubiera pasado, como si se hubieran dado cuenta que mi abuelita quería verlos bien con la luz encendida y hubieran cambiado su postura.
Cuando nos contó lo que había visto, mi papá y mi mamá no le creyeron.
A pesar de que ellos también estaban en la casa y escucharon aquellos ladridos tan extraños.
Pensaron que tal vez mi abuelita se había confundido, pero mi hermano y yo nos quedamos pensando lo mismo.
¿Cómo es posible que un perro pueda ponerse en esa posición? ¿Cómo pudieron hincarse los dos al mismo tiempo? ¿Y qué fue lo que los hizo actuar así? Desde aquella noche, algo así no volvió a suceder.
Los perros jamás repitieron ese comportamiento.
Con el tiempo, dos de mis perros partieron de este mundo, pero hasta el día de hoy sigo sin encontrar una explicación para lo que mi abuelita vio y contó aquella noche.
Y es que tal vez, o al menos así lo he pensado yo, los perros no estaban rezando, obviamente, pero tal vez estaban reaccionando ante algo que nosotros no podíamos ver.
Y estaba fuera de la casa alguna clase de energía extraña que solo ellos pueden sentir y ver.
¿O tú qué opinas? Están.
Hasta aquí el video del día de hoy.
Espero que te haya gustado.
Ya hemos abordado otras experiencias extrañas de perros actuando como humanos, una sección que ustedes quieren mucho.
Y si así lo es y quieren que siga hablando de esta sección, por favor háganmelo saber en los comentarios y así les traeré pronto otra entrega más de esta clase de relatos.
Igualmente, si quieres recomendarme algún tema, puedes hacérmelo llegar a mis redes sociales, especialmente a mi Instagram para estar en contacto.
Sígueme a través de Spotify para que me escuches mientras haces tus labores diarias.
La música del video es por Repulsive.
Si te ha gustado, por favor, suscríbete a su canal.
Todos los links estarán en el comentario fijado.
Sin más, no olvides que yo soy Stan y te deseo dulces pesadillas.
Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.