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📢 LA RECONSTRUCCIÓN DE LA MUERTE DE MARADONA SEGÚN SU CUSTODIO

Las últimas 48 horas de Maradona: Cuando la negligencia médica, la depresión y el abandono convergen en una tragedia evitable
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La declaración judicial del custodio Coria ha proporcionado un relato detallado y perturbador de los últimos días de Diego Armando Maradona, revelando una serie de omisiones médicas, negligencias administrativas y posiblemente crímenes que sugieren que la muerte del legendario futbolista no fue simplemente el resultado de una enfermedad inevitable, sino de un sistema de cuidado que falló de manera sistemática y potencialmente deliberada. Lo que emerge de este testimonio es un cuadro de abandono progresivo, donde un hombre que había conquistado el mundo fue dejado a morir lentamente, sin vigilancia adecuada, sin nutrición apropiada, y sin la intervención médica que podría haberlo salvado.

El relato comienza el veintitrés de noviembre de dos mil veinte, apenas dos días antes de la muerte de Maradona. Según Coria, Diego había caído en un estado de depresión profunda que lo llevó a aislarse completamente. Se negaba a salir de su habitación, se negaba a recibir visitas, incluso de su propio hijo Dieguito Fernando y su ex pareja Verónica Ojeda. Cuando llegaron a visitarlo, Maradona se negó categóricamente a verlos. La razón, según Coria, era que Maradona estaba avergonzado de su apariencia física. El cuerpo de Diego estaba hinchado, sucio, visiblemente deteriorado. No quería que su hijo lo viera en ese estado de degradación.

Lo que es particularmente preocupante es que durante estos días de aislamiento, Maradona prácticamente no comió nada. Coria testificó que Diego apenas consumía algunas galletas secas y un poco de té. No había comidas regulares, no había nutrición adecuada, y lo más importante, no había vigilancia médica. Nadie del equipo de cuidado médico que supuestamente estaba a cargo de Maradona entró a su habitación para verificar su estado, para asegurar que estaba comiendo, para evaluar su condición física o mental. El silencio era ensordecedor, y la negligencia era evidente.
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El veinticuatro de noviembre, el día antes de su muerte, Maradona salió de su habitación solo una vez. Fue para bañarse. Después de bañarse, Coria lo ayudó a afeitarse. Luego, Diego regresó inmediatamente a la cama. Fue su última interacción significativa con el mundo exterior. Ese día, el menú consistía en unos pocos sándwiches de miga que habían sido comprados porque la cocinera Monona estaba de vacaciones. Coria admitió en la corte que no sabía si Maradona había comido alguno de esos sándwiches. Nadie verificó. Nadie se aseguró de que recibiera nutrición adecuada.

Pero lo que es verdaderamente revelador ocurrió esa noche. Alrededor de las once de la noche, Coria entró a la habitación de Maradona para ajustar un interruptor de luz. Preguntó si Diego necesitaba algo. Maradona respondió que no. Luego, antes de que Coria saliera de la habitación, Maradona se incorporó ligeramente y le dio un beso en la mejilla. Fue un gesto de despedida, aunque ninguno de los dos lo sabía en ese momento. Fue el último contacto físico que Maradona tendría con otra persona mientras aún estaba vivo.

La mañana del veinticinco de noviembre fue cuando el sistema de cuidado de Maradona colapsó completamente. A las cinco de la mañana, Coria fue testigo de lo que debería haber sido un cambio de turno rutinario entre el equipo de enfermería nocturna y el equipo diurno. Los dos equipos se reunieron en la sala de estar para hacer la entrega de información. Sin embargo, ninguno de los enfermeros entró a la habitación de Maradona para verificar sus signos vitales. Nadie revisó su presión arterial, su frecuencia cardíaca, su respiración. Simplemente hablaron entre ellos y se fueron.
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Lo que sucedió después fue un proceso de doce horas de agonía. Los investigadores federales han determinado que Maradona sufrió un paro cardíaco progresivo durante esas doce horas. Su corazón estaba fallando lentamente, y él estaba muriendo en su habitación sin que nadie lo supiera. La enfermera Dayana Madrid pasó toda la mañana sentada en la sala de estar, mirando su teléfono celular. Nunca entró a la habitación de Maradona. Nunca verificó su estado. Simplemente lo dejó morir.

Si alguien hubiera entrado a la habitación de Maradona entre las ocho y las once de la mañana, probablemente habría podido salvarlo. Habría visto los signos de un paro cardíaco inminente. Habría podido llamar a una ambulancia. Habría podido administrar medicamentos de emergencia. Pero nadie entró. Nadie verificó. Nadie hizo nada.

Alrededor del mediodía, la doctora Agustina Cosachov y el psicólogo Carlos Díaz llegaron a la casa. Cuando abrieron la puerta de la habitación de Maradona, lo que vieron fue a un hombre que ya estaba muerto o moribundo. Sin embargo, cuando salieron de la habitación, les dijeron a todos que Diego estaba despierto pero de mal humor y que no quería hablar con ellos. Esta fue una mentira deliberada. Coria testificó que cuando el sobrino de Maradona, Johnny, el gerente Pomargo y la enfermera Madrid entraron a la habitación poco después, encontraron a Diego completamente inmóvil, su cuerpo frío, sin signos de vida.
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Lo que sucedió a continuación fue un intento desesperado de reanimación. Dayana Madrid comenzó a hacer compresiones torácicas. Coria realizó respiración boca a boca. Intentaron desesperadamente traer a Maradona de vuelta a la vida. Pero fue demasiado tarde. La doctora Cosachov, la persona que supuestamente estaba a cargo del cuidado médico de Maradona, simplemente se quedó de pie en la esquina de la habitación, temblando de miedo, incapaz de actuar. Un vecino que era médico corrió hacia la casa para ayudar. Una ambulancia fue llamada. Pero para entonces, Maradona ya estaba muerto.

Lo que es particularmente perturbador es lo que los investigadores descubrieron después. En los mensajes de WhatsApp recuperados, el doctor Leopoldo Luque, quien era el médico principal de Maradona, escribió a sus cómplices: “El gordo ese puede queda en cualquier momento. Tenemos que armar una historia clínica falsa ahora mismo para protegernos”. Esto sugiere que Luque y su equipo sabían que Maradona estaba en peligro crítico, pero en lugar de tomar medidas para salvarlo, estaban más preocupados por protegerse a sí mismos legalmente.

Los registros médicos muestran que los enfermeros habían anotado advertencias sobre acumulación de líquido en los pulmones de Maradona y la necesidad de diuréticos. Pero Luque aparentemente ignoró estas advertencias. Permitió que Maradona se deteriorara sin intervención. Permitió que un hombre que había sido el mejor futbolista del mundo muriera en la soledad y el abandono.
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Coria testificó que él mismo intentó proteger al doctor Luque al no mencionar ciertos detalles en su declaración inicial. Pero los investigadores federales recuperaron los mensajes de texto que probaban que Luque había estado en contacto con el equipo y que había sido consciente de la gravedad de la situación de Maradona. La verdad no podía ser ocultada.

Lo que emerge de todo esto es un retrato de negligencia criminal. Un hombre que había ganado la Copa del Mundo, que había sido adorado por millones, fue dejado a morir sin vigilancia, sin nutrición adecuada, sin intervención médica. Su médico personal aparentemente estaba más preocupado por protegerse legalmente que por salvar su vida. Su equipo de cuidado fue negligente hasta el punto de que es difícil creer que fue accidental. Y cuando finalmente alguien intentó salvarlo, fue demasiado tarde.

El juicio continúa, y las preguntas sobre responsabilidad penal permanecen sin respuesta. ¿Fue la muerte de Maradona el resultado de negligencia médica? ¿Fue el resultado de abandono deliberado? ¿Fue el resultado de una conspiración para permitir que muriera? Lo que es seguro es que Diego Armando Maradona, uno de los hombres más grandes que jamás haya jugado al fútbol, fue dejado a morir solo en una habitación, sin vigilancia, sin cuidado, sin dignidad. Y eso es una tragedia que nunca debería haber sucedido.

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