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**¿Te imaginas salir a buscar unos tacos de madrugada en las inmediaciones de Tepito y encontrarte con una mujer que, al voltear, tiene el rostro real e imponente de un caballo? 😰** Esto les ocurrió a Antonio y a su novia Carla cerca del metro Lagunilla. Al intentar auxiliar a una mujer que parecía herida en el suelo, descubrieron con horror que se trataba de una manifestación real de la Cegua, la cual comenzó a reírse de ellos con una carcajada histérica que los persiguió mientras huían despavoridos. El Barrio Bravo no solo es famoso por su intensa actividad criminal y sus códigos de supervivencia, sino por albergar un bucle de dimensiones inexplicables: una pareja de recolectores quedó atrapada en un laberinto infinito de puestos vacíos en la calle Tenochtitlan, donde el tiempo parecía congelado y las salidas desaparecieron por completo hasta el amanecer. 👇 **¿Cuál es la trágica e inquietante historia de la sobreviviente de San Juanico que fue alcanzada por su destino en una explosión en Tepito, y qué perturbadores secretos guardaban los videos de la Fayuca en los años 2000? Descubre estas crónicas del Barrio Bravo acá:**

El barrio Bravo no necesita presentación y las cosas que suceden en este sitio de la capital mexicana, por supuesto, que escandalizan a cualquiera.

Desde siempre este barrio ha causado muchísima curiosidad por todo el crimen que sucede aquí, pero como es común en el canal, no solamente vemos el lado criminal y peligroso, sino también el lado paranormal y las entidades que se manifiestan aquí.

Desde la aparición de la llorona vista por algunos de los vecinos, así como la manifestación de la Seua, una leyenda popular de algunos pueblos de México.

Esto es lo que estaremos escuchando en el video del día de hoy.

Es así que ponte cómodo y sin más dilación pasemos con experiencias aterradoras en el barrio Bravo de Tepito.

Antonio Salcedo nos cuenta, “Hola, Stan.

Quiero contarte algo que me pasó hace algunos años cerca del metro Lagunilla en los alrededores de Tepito.

En ese tiempo yo tenía una novia llamada Carla.

Ella vivía en una unidad habitacional sobre eje uno a la vuelta del metro Lagunilla.

Yo solía ir a verla los fines de semana y como su mamá casi nunca estaba los sábados o domingos, a veces me quedaba a dormir con ella.

Una noche de sábado, como a la 1 de la madrugada nos dio hambre y decidimos salir por unos tacos.

Normalmente se pone un puesto cerca del mercado de Lagunilla Varios.

Es un mercado que está internándose entre las calles donde está la avenida Eje1.

Está como a tres cuadras del mercado principal, así que caminamos hacia allá.

Solamente que esa noche el puesto no estaba.

La zona se veía demasiado oscura y silenciosa con una vibra muy extraña.

Mientras caminábamos vimos a una mujer tirada al lado de la entrada del mercado o de una de las entradas.

Ella estaba boca abajo y de espaldas hacia nosotros.

Tenía la cara en el suelo y se quejaba como si estuviera lastimada.

Lo raro es que no había gente cerca y tomando en cuenta que era sábado, eso era muy extraño.

Nosotros pensamos que tal vez la habían agredido, así que nos acercamos para ayudarla.

Yo le pregunté si estaba bien, pero no respondió.

Entonces mi novia la tocó del hombro.

En ese momento la mujer dejó de quejarse y volteó.

Lo que vimos es algo que hasta la fecha me sigue impactando.

Esa mujer tenía el rostro de un caballo y es que no parecía una máscara, era algo real, una cara tal cual de caballo y nos miraba fijamente.

De pronto, esa cosa comenzó a reírse de una forma histérica, como burlándose de nosotros.

Carla y yo salíamos corriendo sin pensarlo.

Mientras nos alejábamos, seguíamos escuchando sus carcajadas detrás de nosotros.

Cuando llegamos a la esquina, volteé para ver si nos seguía, pero no.

seguía ahí en el mismo lugar mirándonos y riéndose.

Llegamos al departamento de Carla temblando.

Cerré la puerta y nos quedamos despiertos hasta que amaneció tratando de entender que habíamos visto.

Los dos estábamos completamente sobrios.

No habíamos tomado nada, aparte de que vimos exactamente lo mismo.

Mientras platicaba con ella, le conté una leyenda que me contaba mi abuela sobre una mujer con cara de caballo, la cegua, que se le aparece a los borrachos y mujeriegos.

Pero nosotros no estábamos tomando ni haciendo nada malo, solo salimos a cenar.

Hasta hoy no sé qué fue lo que vimos esa madrugada cerca de Tepito.

Solo puedo decirte que en todas las veces que volví a ir con Carla, jamás me aventuré a salir de noche otra vez.

Andrea Sausa nos cuenta, “Hola, Try, yo soy de una colonia Ledaña Tepito, más hacia la zona de avenida Río Consulado y quiero contarte algo que nos pasó una vez a mi hermana y a mí.

En una ocasión estábamos las dos afuera de la casa.

Ya era de noche cuando de pronto escuchamos un lamento.

Era el llanto de una mujer.

Al principio pensamos que se trataba de una vecina de enfrente junto con su novio, porque a veces ellos acostumbraban a hacernos bromas y creíamos que tal vez querían espantarnos, pero en ese momento ellos cruzaron hacia donde estábamos nosotras y al verlos ahí nos dimos cuenta de que no podían ser ellos.

Entonces volteamos hacia la esquina.

Ahí fue cuando vimos a una mujer vestida de blanco.

Estaba parada a lo lejos, casi inmóvil.

Y en ese mismo instante todos los perros del barrio comenzaron a ladrar.

Nos quedamos heladas.

En esa zona, incluido Tepito, es muy común escuchar a la llorona, pero verla, aunque fuera de lejos, fue algo que nunca se nos olvidó.

Y es que puede ser la energía que se mueve en el sitio.

Tepito tiene una carga energética muy fuerte y puede que eso mismo atraiga muchas presencias.

Al menos eso es lo que yo creo.

Amalani Moreira nos cuenta, “Me da mucho gusto saludarte por este medio.

Yo conocí tu canal gracias a mis hijos.

Lo que voy a contarte no es propiamente sobrenatural, o al menos no sé si tenga alguna clase de relación con lo sobrenatural, o al menos eso creo.

Te lo comparto para que tú mismo lo juzgues.

Yo era pequeña cuando ocurrió la tragedia de San Juan Xuatepec, mejor conocida como San Juanico.

Tenía más o menos 6 años por aquel entonces.

Mi abuelita vendía ropa en un pequeño puesto en la zona de Tepito, muy cerca de una lechería de abasto popular.

Creo que sabes de cuál hablo.

En ese lugar, mi abuelita tenía una clienta con la que se llevaba muy bien.

Platicaban mucho cada vez que la señora pasaba por el puesto.

La señora también era de Tepito.

Días después de la horrible tragedia de San Juanico, aquella clienta llegó nuevamente al puesto de mi abuela.

Había desaparecido por varios días y cuando mi abuela la vio nuevamente, notó de inmediato que vestía de luto y que estaba profundamente afligida.

Mi abuela le preguntó qué le pasaba y la señora respondió, “Ay, Aurora, fíjate que fui a San Juanico a reconocer los cuerpos de mis compadres y de su familia.

Ellos eran de allá y no tenían más familiares.

Me llamaron para arreglar los papeles de sus entierros, porque si no iban a terminar en la fosa común.

” Mi abuela, sumamente consternada, le contestó, “Mujer, ¿no sabes cuánto me duele verte así? ¿Hay alguno que te pueda ayudar? La señora contestó, “No, Aurora, el gobierno pagó todo.

Te lo agradezco mucho, pero quería preguntarte si conoces a alguien que pueda darle trabajo a mi aijada.

Ella fue la única que se salvó porque salió temprano de su casa para ir a la escuela y ya no le tocó toda la desgracia.

Después le contó todavía algo más triste.

La muchacha tenía una hermana gemela y ambas siempre iban juntas a todas partes.

Pero ese día su hermana tenía clases más tarde y no salió con ella.

Las dos eran aijadas de aquella señora, pero solamente una pudo sobrevivir.

Ahora la joven se había quedado completamente sola, así que su madrina decidió llevársela a vivir con ella.

Mi abuelita, que conocía a muchas personas, le prometió que le ayudaría a encontrarle trabajo pronto para que la muchacha se mantuviera ocupada y no cayera en una depresión.

Entre vecinos, amigos y conocidos de aquella señora, todos comenzaron a apoyarla.

La gente de Tepito, en este momento, dice mi abuela, era muy solidaria.

Mi abuelita le regaló ropa.

Alguien más la ayudó para que pudiera volver a la escuela y poco a poco pareciera que la chica iba a estar bien.

Pero entonces ocurrió algo inesperado.

Habían pasado alrededor de 6 meses desde que la muchacha se fue a vivir con su madrina.

Una tarde se preparaba para bañarse antes de irse a la escuela.

Iba a encender el calentador de agua cuando de pronto, según contó la amiga de mi abuelita, la casa seó de una forma horrible.

Al principio pensaron que estaba temblando, pero no era un temblor.

El calentador había explotado.

Y es que la explosión fue tan fuerte que todos en la colonia la escucharon.

Los bomberos no tardaron mucho en llegar a controlar el fuego e impedir que ocurriera una tragedia todavía mayor.

Lamentablemente, en esa explosión falleció la hijada de la amiga de mi abuelita.

Por lo que se supo después, la chica quedó irreconocible.

Lo único que permitió identificarla según cuentan fueron sus zapatos, por lo que uno se puede hacer a la idea de cómo es que estaba.

Durante el velorio, muchas personas comentaban que la muerte te alcanza sin importar a dónde vayas, siempre y cuando ya haya llegado tu momento.

Y es que entre varios vecinos de Tepito decían que si su familia se había ido en una explosión de gas, tal vez ella también estaba destinada a irse de la misma forma.

Hasta el día de hoy, esa historia me sigue pareciendo muy triste, pero sobre todo extraña y aterradora.

Gracias por leerme, Stan.

Esa es la historia que tengo acerca de Tepito.

Alfredo Bravo nos cuenta, Hesten, creo que este es mi momento para contar una de las pocas cosas verdaderamente escalofriantes que me han pasado por cosas de la vida.

Ahora vivo en Estados Unidos, pero cuando era niño, más o menos de unos 10 años, mi papá trabajaba manejando tráiler.

A veces yo lo acompañaba en algunos viajes y en distintas ocasiones.

Le tocaba ser rota para descargar mercancía ante Recuerdo que una de esas veces fuimos al bazar principal.

Yo, como cualquier niño de esa edad, me puse a ver juguetes en uno de los puestos mientras mi papá revisaba otras cosas cerca de mí.

De pronto escuché a un niño gritar.

y llorar pidiendo ayuda.

Me asusté bastante y volteé de inmediato a ver a mi papá, esperando que él me dijera algo o me tranquilizara.

Le pregunté qué estaba pasando, pero él solo me dijo que seguramente era un niño haciendo berrinche con sus papás, de esos que pataleaban y lloraban cuando no les compran algo.

Y es que tal cual al niño lo estaban agarrando de una forma para que se calmara.

En fin, los minutos pasaron y poco a poco se me fue olvidando lo que había escuchado.

Aproximadamente una hora después, mi papá y yo seguíamos caminando entre los puestos, curioseando cosas.

Fue entonces cuando vimos a una señora con unos policías.

La mujer estaba llorando desesperada porque no encontraba a su hijo.

Gritaba una y otra vez el nombre de Raulito.

Los policías intentaban calmarla, pero al mismo tiempo miraban hacia todos lados como si también estuvieran buscándolo entre la gente.

En ese momento, un escalofrío recorrió mi cuerpo.

Recordé lo que había pasado una hora antes.

aquel niño que había escuchado llorar y gritar, el que yo había visto pataleando en brazos de un hombre.

¿Acaso tenía conexión una cosa con la otra? No sabía qué pensar.

Traté de convencerme de que solo era una coincidencia, una tontería mía, pero algo dentro de mí decía que tal vez estaban buscando al mismo niño.

Un mes después regresamos a Tepito, mi papá y yo, como de costumbre.

Y mientras caminábamos y curioseábamos entre los puestos, vi un papel pegado en el poste de luz.

Era la foto del niño desaparecido.

Me acerqué a verla mejor y cuando leí el nombre sentí que todo me dio vueltas.

El niño se llamaba Raúl.

Era el mismo niño que yo había visto aquella vez, ese mismo que pataleaba en los brazos de aquel hombre.

Me asusté muchísimo.

Sentí un terror que no puedo explicar y sin decir nada tomé con fuerza la mano de mi papá.

Hasta el día de hoy recuerdo ese momento con escalofríos.

Nunca supe qué fue de ese niño.

Espero con todo mi corazón que él y su mamá hayan podido estar bien.

Eso es todo por mi parte, Stan.

Esta es, a resumidas cuentas, mi historia sucedida en el barrio Bravo.

Te mando un saludo y un abrazo.

Charl Ruido nos cuenta, “Hola, Stan.

Sí, tengo varias historias sobre Tepito, pero miré por la más extraña que me tocó vivir.

Durante un tiempo viví por esa zona.

En las madrugadas solía salir con quien en ese entonces era mi novio a chacharear y recolectar pet.

Recorrimos los basureros que hay por Tepito porque en las noches se podían encontrar muchas cosas, llámese ropa, tenis y varios artículos que después podías quedarte o vender.

Esa noche salimos como siempre.

Entramos por la calle Tenositlan y mientras caminábamos alcanzamos a escuchar unos gritos que provenían desde el interior de una vecindad.

Era la voz de una chica.

Mi novio solo me dijo, “Oye, no voltees.

” Y seguimos caminando rápido.

Pero los gritos comenzaron a intensificarse.

Cada vez se escuchaban más fuerte, más desesperados y eso hizo que aceleráramos todavía más el paso.

Lo único que queríamos era salir rápido de esa calle.

Después de un rato dejamos de escuchar los gritos y nos detuvimos para tomar aire.

Fue entonces cuando nos dimos cuenta de algo muy raro.

Estábamos en una calle que no nos resultaba familiar.

Eso nos pareció extraño porque los dos conocíamos muy bien la zona.

Habíamos caminado por ahí muchas veces y sabíamos cómo movernos entre las calles.

Aún así, decidimos seguir caminando para llegar a cualquier otra avenida o calle conocida.

Pero al poco tiempo regresamos exactamente al mismo lugar.

Eso era imposible.

Habíamos caminado en línea recta.

Volvimos a avanzar otra vez en línea recta.

Pasamos por varios puestos, todos muy parecidos entre sí.

Caminamos durante varios minutos, quizá más, solo para terminar otra vez en el mismo lugar.

Ahí fue cuando empezamos a ponernos nerviosos.

Nos dijimos que lo mejor era buscar cómo salir al eje o hacia avenida del trabajo, pero por más que caminábamos, lo único que veíamos eran puestos y más puestos.

Todos iguales, como si estuviéramos atrapados en un mismo tramo que se repetía una y otra vez.

Nada de lo que veíamos nos resultaba conocido.

También notamos algo que nos inquietó todavía más.

En todo ese tiempo no nos cruzamos con ninguna otra persona ni una sola.

Y eso en Tepito es sumamente extraño.

El barrio nunca duerme, incluso de madrugada siempre hay alguien en las calles.

Personas haciendo cosas no muy legales, vagabundos recolectando o puesteros que comienzan a colocar su mercancía desde muy temprano.

Pero esa noche no había nadie, ni una sombra, ni una voz, ni un ruido cercano.

Solo nosotros caminando entre calles que no reconocíamos y puestos que parecían repetirse sin fin.

Pasaron horas, caminamos y caminamos, pero siempre terminábamos regresando al mismo punto.

Yo ya estaba aterrada, a punto de ponerme a llorar porque sentía que algo no nos dejaba salir.

Ya casi iba a nadar las 5 de la mañana cuando mi novio se detuvo y me dijo, “Escucha, así ya se oyen coches.

” Nos quedamos en silencio y efectivamente a lo lejos se alcanzaban a escuchar el ruido de los autos.

Decidimos seguir ese sonido porque lo único que queríamos era llegar a una avenida.

Caminamos hacia donde venía el ruido y de pronto salimos al eje.

En cuanto llegamos ahí, todo volvió a sentirse normal.

Las calles otra vez se veían conocidas.

Había movimiento, coches, gente y esa vida que siempre se siente en el barrio, incluso de madrugada.

Hasta la fecha, por más que hemos pensado y platicado, no sabemos qué fue lo que pasó esa noche.

Es imposible perderse dentro de Tepito cuando conoces bien la zona, porque caminando en línea recta, tarde o temprano sales a una avenida grande.

Pero esa noche no fue así.

Se lo contamos a otras personas y varios amigos nos dijeron que les había pasado algo parecido, que de pronto se pierden entre las calles como si el barrio cambiara, como si entraras a otra dimensión o como si algo simplemente no te dejara salir.

Una suscriptora anónima nos comenta lo siguiente.

Yo fui trabajadora nocturna en Tepito cuando tenía 15 años.

Ya no me encuentro trabajando lo mismo, pero en los dos años que me dediqué a esto, vi como casi acababan con dos compañeras y meterte en problemas muy grandes era algo muy fácil, sobre todo con el grupo dominante ahí en Tepito.

A mucha gente les cobraban piso y sé que a algunas compañeras también en mis andares por el barrio llegué a encontrarme con muchos animales sin vida, justo en la zona por donde estábamos nosotras.

Quizá eran producto de brujería.

Yo era de las más chicas trabajando ahí y mucha gente no me quería por lo mismo, que ganaba mucho más que ellas y que muchos hombres iban directamente por mí.

En este mismo lugar había una chica que se dedicaba a vender vicio y me tocó ver como sus hermanos fallecían o los metían a la cárcel.

Pero así es la vida en el barrio Bravo.

Pueden pasar muchísimas cosas y lo peor es como la gente tiene acostumbrada a esta clase de vida.

Una vida rápida, con dinero fácil, pero en donde solo puedes terminar de dos formas, en la cárcel o bajo tierra.

Flores Yamilé nos cuenta, en el año 2017 yo estudiaba en la prepa 7 de la Viga.

Para regresar a mi casa tenía dos opciones.

La primera era caminar hacia Fraer Bando y transasbordar para la línea B del metro.

La otra era irme en el camión morado de contraflujo hacia Tepito.

Una noche salimos de clases como a las 8 pm.

Una amiga que vivía por Tepito me preguntó cómo me iba a regresar.

Yo le dije que tomaría el camión hacia Tepito, pero ella me dijo que mejor la esperara a que llegaran sus papás, porque ellos podían pasarme a dejar al metro.

Cuando llegaron, me subí con ellos a la camioneta, pero entre la plática y todo, a sus papás se les olvidó que tenían que dejarme en el metro.

Ya para cuando nos dimos cuenta ya habíamos llegado a su casa.

Al bajar me explicaron cómo llegar a la estación.

Según ellos estaba a dos calles y no había pierde.

Yo, por la fama que tiene Tepito, iba caminando muy alerta.

Volteaba para todos lados y me aferraba fuerte a mi mochila.

En una esquina vi a un tipo recargado en la pared.

Traté de alejarme lo más posible de él sin bajarme de la avenida, pero cuando ya llevaba como tres o 4 metros de distancia, me gritó, “¡Ey, manita! Volteé y sonreí porque mi padre siempre me decía que siempre saludara a la gente y que no la viera feo.

” El hombre se acercó a mí, me miró de arriba a abajo y me dijo, “¿No eres de aquí, verdad? ¿A dónde vas? Le respondí que iba para el metro.

Él sonrió y luego hizo un gesto con la cabeza como indicándome que seguiera caminando.

Yo me volteé para continuar mi camino, pero él se emparejó a mi paso y me dijo, “Oye, manita, cuando vayas a un lugar que no conoces, no vayas con cara de miedo ni volteando a todos lados.

Así la gente se da más cuenta de ti y muchos son como perros.

” Después de decir eso, se empezó a reír y agregó, “Vamos, te acompaño al metro.

” Yo solo le sonreí y me quedé callada mientras caminábamos.

No sabía si confiar o no, pero seguí avanzando junto a él.

Cuando llegamos a la entrada del metro, el hombre levantó la mano señalándome las escaleras y me dijo, “Ya llegaste.

Que te vaya bien, manita.

” Me sonrió.

Al ver la luz de la entrada y darme cuenta de que ya estaba salvo, volteé a verlo.

Le sonreí y le di las gracias.

Después bajé corriendo las escaleras.

Al llegar al último escalón, volteé para ver si seguía ahí y sí, seguía en el mismo lugar.

Me sonrió una vez más y yo me despedí con la mano.

Cuando entré al andén, empecé a repasar todo lo que había pasado en menos de 10 minutos.

En ese momento solo pude agradecer que estaba bien y que aquel hombre, a pesar de haberme asustado al principio, resultó ser alguien bueno que no me hizo ningún daño.

Incluso cuando he llegado a contar esta historia, me han dicho que él tal cual era un ángel, un ángel que me cuidó en ese lugar tan peligroso y que alguien me lo puso ahí para no correr ninguna clase de peligro.

Personalmente no sé qué pensar, pero de que él me ayudó, vaya que lo hizo.

Jacel Valenzuela nos cuenta, corrí el año 2013.

Era el mes de julio cuando me tocó ser testigo de una ejecución a balazos sobre el eje uno norte, frente al mercado de granaditas, cerca de las calles Tenositlan y Aztecas.

Eran aproximadamente las 3:30 de la tarde.

Yo iba pasando muy cerca de ese lugar cuando de pronto escuché alrededor de 10 detonaciones a mis espaldas.

Todo ocurrió en cuestión de segundos.

La gente comenzó a correr despavorida, todos buscándose dónde refugiarse o cómo alejarse de ahí lo más rápido posible.

Yo, en cambio, me quedé paralizada.

Entré en shock porque nunca en mi vida había presenciado algo tan horrible.

Incluso me tocó trabajo reaccionar.

Y es que cuando finalmente lo hice, empecé a correr, pero iba temblando y llorando al mismo tiempo.

Sentía que las piernas no me respondían y que en cualquier momento podía pasarme algo a mí también.

Quizás suena exagerado o difícil de creer, pero después de eso duré casi dos meses con pesadillas.

También me daba pánico salir a la calle.

No podía dejar de pensar en lo que había escuchado y en lo cerca que estuve de quedar en medio de aquel intercambio de plomo.

Créeme están desde ese día.

No volví a pararme por esa zona.

Todo esto ocurrió muy cerca de donde está la pared que dice, “¡Viva Tepito!”.

De verdad, Tepito puede llegar a ser un lugar extremadamente peligroso.

Si no tienes nada que hacer ahí, es mejor no meterte.

Es un barrio sumamente bravo y lo digo porque yo lo viví en carne propia.

Es así que si vas, ten mucho cuidado.

Claudia Capranos nos cuenta, hace aproximadamente unos 20 o 22 años fueron de las últimas veces que llegué a ir a Tepito.

En aquel tiempo, algo que tristemente parecía normal era lo que ponían en las televisiones de los puestos donde vendían DVDs.

Recuerdo que cerca del inicio de la zona de la Fayuca, más o menos a la altura de Toltecas, en algunos puestos se llegaban a ver grabaciones muy fuertes.

Una de las que más se me quedó grabada era la de un león que según se decía era mascota de alguien relacionado con el crimen de ahí de la zona.

Y en el video, el animal aparecía atacando a una persona que supuestamente pertenecía al bando contrario, aunque la verdad nunca se sabía con certeza quién era esa persona ni qué había detrás de esa grabación, pero era lo que se contaba.

Yo no llegué a ver cosas peores porque como mencioné solo pasaba por esa parte y en esa época todavía era casi el inicio de la fayuca.

Pero aún así lo que se mostraba ahí era suficiente para darse cuenta de lo normalizado que tenían ese tipo de material.

A veces uno no entiende cómo es que en un lugar así podían exhibir esa clase de cosas con tanta tranquilidad o por qué las autoridades no hacían nada al respecto.

Pero con el tiempo te das cuenta de que todo eso forma parte de negocios mucho más grandes y oscuros, redes que se mueven a nivel nacional y que generan muchísimo dinero.

Los que terminan vendiendo esas grabaciones en la calle son solo los últimos eslabones de una cadena llena de gente sumamente poderosa y sin escrúpulos.

Por eso, cuando escucho historias sobre grabaciones extrañas o perturbadoras del metro, la verdad es que no me sorprende tanto y creo ciegamente en que sean reales.

Y es que después de haber visto lo que se llegaba a manejar en esos puestos, uno se queda con la sensación de que hay cosas demasiado turbias circulando por ahí.

mucho más de lo que la mayoría de la gente imagina.

Wizard nos cuenta, “Hola, están, yo soy del Estado de México y durante un tiempo trabajé con un técnico que reparaba videojuegos.

Además de eso, también vendíamos videojuegos piratas en CD y DVD.

Así que de vez en cuando me tocaba ir a Tepito para resurtir la mercancía.

Principalmente iba al mercado que está sobre avenida obrero mundial, prácticamente saliendo del metro Tepito.

Esa zona, al menos por la parte de afuera, siempre me pareció bastante tranquila y segura porque se mueve mucho dinero ahí.

Los mismos vendedores se cuidan entre ellos y también cuidan mucho a los clientes.

Pero claro, esa es solo la parte de afuera, por decirlo de alguna manera.

El verdadero barrio bravo es otra cosa.

Un día, mientras curioseaba entre los puestos, me interné un poco más en Tepito.

Fue cuando empecé a ver cosas que me dejaron bastante inquieto.

Había puestos donde vendían de todo, desde artículos comunes hasta réplicas de y municiones de plástico.

Pero también vi algunas de estas que parecían reales.

Según los vendedores, estaban desmilitarizadas, es decir, que supuestamente no tenían gatillo ni percutor, por lo que no podían funcionar.

Decían que era únicamente para coleccionar.

Sin embargo, lo más inquietante era que en ese mismo puesto también vendían cajas de munición viva, es decir, cartuchos útiles.

Ahí fue cuando empecé a dudar de todo lo que me estaban diciendo, porque obviamente si en el mismo lugar venden munición, cartuchos útiles y reales, era difícil creer que aquellas armas no pudieran usarse.

Lo peor y lo más extraño de todo es que las tenían a plena vista de cualquiera, como si se tratara de mercancía normal, sin ninguna restricción y sin que nadie pareciera sorprenderse, como si fuera lo más normal del mundo.

Seed en di que Tepito puede tener una parte donde todo parece moverse con cierta normalidad, pero basta con meterte un poco, internarte un poco en sus entrañas para darte cuenta de que hay cosas mucho más turbias circulando entre sus calles.

Un suscriptor anónimo nos cuenta la siguiente historia.

Bueno, están esto me pasó cuando tenía aproximadamente 14 años.

En ese tiempo pasaba por Tepito para irme de mi escuela a mi antigua casa.

Era una ruta que ya conocía y que hacía casi todos los días, así que al principio todo parecía normal.

Iba caminando como de costumbre cuando de pronto vi a dos personas, ambos como de 30 años, reunidas.

Estaban hablando entre ellos de una manera muy seria y discreta, como si no quisieran que nadie más escuchara.

De inmediato, algo me dio mala espina.

No era normal ver a tantas personas reunidas de esa forma hablando tan en secreto, así que decidí acelerar el paso para alejarme lo más rápido posible de ahí.

Pero apenas avancé unos metros, sentí que alguien me agarró del brazo.

Al voltear vi a un señor que me miró fijamente y me dijo, “Eres testigo.

La verdad, en ese momento no pude reaccionar.

Me quedé completamente callado, paralizado por el miedo.

Entonces el hombre me jaló con fuerza hacia una bodega que parecía ser de mecánicos o algo relacionado con autos.

Todo pasó muy rápido.

El señor literalmente me aventó hacia dentro de la bodega.

Fue justo en ese instante cuando por fin reaccioné.

Sin pensarlo, me levanté de inmediato y salí corriendo con todas mis fuerzas.

Corrí sin detenerme hasta llegar a una tienda donde trabajaba una señora que era amiga de mi mamá.

Cuando llegué estaba muy asustado y le conté lo que había pasado.

La señora muy amable me ayudó a esconderme y tiempo después me acompañó hasta mi casa para asegurarse de que llegara bien.

Sé que no es una historia paranormal ni nada por el estilo, pero sin duda fue algo que me traumó durante mucho tiempo.

Después de eso, mi mamá decidió cambiarme de escuela y nunca más volví a pasar por esa zona.

Hasta el día de hoy no sé qué quería hacer ese hombre conmigo, ni por qué me dijo aquello de eres testigo.

No sé qué pasó exactamente, pero solo pensarlo me causa escalofríos.

Hasta aquí el video del día de hoy.

Espero que te haya gustado.

Ya hemos escuchado otras historias aterradoras sucedidas en Tepito.

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La música del video es por Repulsive.

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