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Familia radicada en Sabaneta desapareció tras sismos en La Guaira: piden no detener la búsqueda

Desaparecidos en La Guaira: La Angustia de una Familia Colombiana que Clama por No Abandonar la Búsqueda
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En medio de la devastación causada por el terremoto de Venezuela, hay historias que trascienden las fronteras nacionales, que hablan de cómo una tragedia natural puede conectar a personas de diferentes países en un dolor compartido. Una de esas historias es la de la familia Ruiz Sivira, una familia colombiana que residía en Sabaneta, un municipio cercano a Medellín, y que desapareció bajo los escombros del edificio Vista Mar en La Guaira durante el terremoto del 24 de junio de 2026. Lo que hace esta historia particularmente desgarradora es que la familia no solo está desaparecida, sino que sus seres queridos en Colombia están luchando contra el tiempo, contra la desesperación, y contra la posibilidad de que los equipos de rescate abandonen la búsqueda antes de que sea demasiado tarde.

La historia de la familia Ruiz Sivira comienza con un viaje que parecía ser una celebración de la vida y la familia. El 14 de junio de 2026, la familia decidió viajar desde Sabaneta, Colombia, a Venezuela para pasar tiempo con sus parientes. El viaje estaba cuidadosamente planeado: primero irían a San Cristóbal, en el estado de Táchira, donde vivirían algunos miembros de la familia extendida. Luego pasarían por Caracas, la capital de Venezuela, y finalmente se dirigirían a La Guaira, una ciudad costera donde podrían disfrutar de días de playa, relajación y conexión familiar. Era el tipo de viaje que muchas familias sueñan: una oportunidad para conectar con las raíces, para pasar tiempo de calidad con los seres queridos, para crear recuerdos que durarían toda la vida.

La familia Ruiz Sivira estaba compuesta por Oriana Sivira, José Alejandro Ruiz, y su hijo de 10 años, José Andrés Ruiz. Además de estos tres miembros de la familia que vivían en Colombia, viajaban con otros tres familiares que provenían de San Cristóbal. En total, seis personas estaban en el viaje, incluyendo dos niños. Era una excursión familiar multigeneracional, el tipo de viaje que fortalece los lazos familiares y crea conexiones duraderas.
Familia radicada en Sabaneta desapareció tras sismos en La Guaira: piden no detener  la búsqueda | Noticias RCN

El 24 de junio de 2026, el primer día que la familia llegó a La Guaira, fue un día perfecto para una excursión a la playa. Después de viajar durante días, después de las largas horas en automóvil y los cambios de ubicación, finalmente habían llegado a su destino. La familia pasó el día en la playa, disfrutando del sol, el mar, la brisa salada y la compañía mutua. Los niños jugaban en el agua, los adultos descansaban bajo sombrillas, todos estaban disfrutando de lo que parecía ser un día perfecto de vacaciones.

Cuando el sol comenzó a ponerse, la familia decidió regresar a su alojamiento. Se hospedaban en el edificio Vista Mar, un complejo de apartamentos ubicado directamente frente a la playa El Yate. Era un lugar hermoso, con vistas al océano, el tipo de lugar donde uno esperaría pasar unas vacaciones relajantes y rejuvenecedoras. La familia subió a su apartamento, probablemente planeando descansar después de un día activo en la playa, quizás cenar juntos, tal vez disfrutar de la vista del océano al atardecer.

Pero entonces, sin advertencia, sin tiempo para prepararse, el terremoto golpeó. La tierra comenzó a temblar violentamente, y el edificio Vista Mar, que había estado de pie durante años, comenzó a colapsar. En cuestión de segundos, la estructura del edificio se desmoronó completamente, convirtiéndose en un montón de escombros de concreto y acero. La familia Ruiz Sivira, junto con los otros tres familiares, quedó atrapada bajo los escombros.
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Lo que hace esta tragedia aún más desgarradora es que hay un testigo vivo que vio a la familia en los momentos justo antes del colapso. La vigilante del edificio Vista Mar, una mujer que trabajaba en seguridad, logró escapar del edificio justo antes de que colapsara. Ella fue la última persona en ver a los seis miembros de la familia Ruiz Sivira. Los vio en el vestíbulo del edificio, en el lobby, a punto de subir a su apartamento. Fueron solo unos pocos minutos, quizás menos de cinco minutos, entre el momento en que ella los vio y el momento en que el terremoto golpeó y el edificio se derrumbó. Esos pocos minutos fueron la diferencia entre la vida y la desaparición.

En los días posteriores al terremoto, la familia en Colombia comenzó a darse cuenta de que algo estaba terriblemente mal. Gina, una amiga cercana de Oriana, fue una de las primeras en notar que algo había sucedido. Había enviado un mensaje de WhatsApp a Oriana el día del terremoto, pero nunca recibió respuesta. En la era de la comunicación instantánea, donde la mayoría de las personas responden a los mensajes de texto en cuestión de minutos, el silencio fue ensordecedor. Gina comenzó a hacer llamadas, a enviar mensajes a través de diferentes plataformas, tratando de contactar a Oriana o a cualquier miembro de la familia.

Fue a través de una serie de conexiones cruzadas entre amigos y familiares que la verdad finalmente emergió. Después de muchas horas de investigación, de llamadas telefónicas, de mensajes enviados en todas direcciones, la familia en Colombia finalmente recibió la confirmación devastadora: los seis miembros de la familia Ruiz Sivira estaban atrapados bajo los escombros del edificio Vista Mar en La Guaira. No sabían si estaban vivos o muertos. No sabían si habían sido rescatados. Solo sabían que sus seres queridos estaban bajo los escombros de un edificio que se había derrumbado durante un terremoto.
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Lo que sucedió después fue una batalla contra el tiempo y la desesperación. La familia en Colombia comenzó a hacer llamadas a las autoridades venezolanas, a los equipos de rescate, a cualquiera que pudiera ayudar. Pero los equipos de rescate estaban abrumados. Había miles de personas atrapadas bajo los escombros en toda Venezuela, y los recursos eran limitados. La familia Ruiz Sivira no era la única familia buscando desesperadamente a sus seres queridos.

Sin embargo, la familia no se rindió. Continuaron haciendo llamadas, continuaron pidiendo que los equipos de rescate no abandonaran la búsqueda. Y fue entonces cuando sucedió algo que reavivó la esperanza. En las horas tempranas de la mañana, cuando el área alrededor del edificio Vista Mar estaba en silencio, cuando no había máquinas de excavación funcionando, cuando todo estaba tranquilo, la familia y los voluntarios locales escucharon algo extraordinario. Escucharon sonidos provenientes de las profundidades de los escombros. Sonidos que sugerían que podría haber personas vivas bajo el material derrumbado.

Estos sonidos, aunque débiles y difíciles de interpretar, fueron suficientes para mantener viva la esperanza. La familia Ruiz Sivira comenzó a suplicar públicamente a los equipos de rescate que no detuvieran sus operaciones. Pidieron que continuaran excavando, que continuaran buscando, que no abandonaran a sus seres queridos. Su mensaje fue claro: mientras haya la más mínima posibilidad de que nuestros familiares estén vivos bajo los escombros, no podemos permitir que se detenga la búsqueda.
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La comunidad local en La Guaira también se movilizó para apoyar a la familia. Se organizaron velatones, ceremonias donde la comunidad se reunía para encender velas y rezar por la familia desaparecida. Estos actos de solidaridad y apoyo comunitario se convirtieron en una forma de mantener viva la esperanza, de demostrar que la familia no estaba sola en su lucha, de que toda una comunidad estaba rezando por su regreso seguro.

La situación de la familia Ruiz Sivira plantea preguntas importantes sobre cómo los desastres naturales afectan no solo a las personas en la zona del desastre, sino también a sus familias en otros lugares. Para la familia en Sabaneta, Colombia, el terremoto en Venezuela no fue solo una noticia de las noticias. Fue una tragedia personal, una crisis que estaba ocurriendo en tiempo real, una batalla por la vida de sus seres queridos que estaba sucediendo a cientos de kilómetros de distancia.

También plantea preguntas sobre los recursos de rescate y cómo se asignan en situaciones de desastre masivo. Con miles de personas atrapadas bajo los escombros en toda Venezuela, ¿cómo pueden los equipos de rescate priorizar qué búsquedas continuar y cuáles abandonar? ¿Cuándo es apropiado declarar que alguien está muerto y dejar de buscar? Estas son preguntas difíciles sin respuestas fáciles.
Familia radicada en Sabaneta desapareció tras sismos en La Guaira: piden no detener  la búsqueda | Noticias RCN

Lo que es claro, sin embargo, es que para la familia Ruiz Sivira, la búsqueda no puede terminar. Mientras haya la más mínima posibilidad de que sus seres queridos estén vivos bajo los escombros, mientras haya sonidos que sugieran vida, la búsqueda debe continuar. Es una cuestión de amor, de esperanza, de la negativa humana a aceptar la derrota incluso cuando las probabilidades parecen abrumadoramente en contra.

La historia de la familia Ruiz Sivira es un recordatorio de que el terremoto de Venezuela no fue solo un evento geológico, no fue solo un desastre natural que afectó a un país. Fue una tragedia humana que conectó a personas en múltiples países, que separó a familias, que causó dolor incalculable. Y mientras que algunos fueron rescatados, mientras que algunos milagros ocurrieron, para la familia Ruiz Sivira, la espera continúa. Continúan rezando, continúan pidiendo que no se detenga la búsqueda, continúan esperando el milagro de que sus seres queridos sean encontrados vivos bajo los escombros de La Guaira.

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